Al caer la tarde, el automóvil que los trasladaba desde el aeropuerto atravesó una elegante avenida bordeada de palmeras hasta llegar al destino que Zayn había elegido para su luna de miel.
Frente a ellos se alzaba el majestuoso Burj Al Arab.
Su imponente silueta, semejante a la vela de un barco desplegada sobre el mar, brillaba bajo la luz anaranjada del atardecer.
El agua del golfo Pérsico reflejaba los últimos rayos del sol como si miles de diamantes flotaran sobre la superficie.
Fahriye permaneció unos segundos inmóvil, contemplando aquel lugar.
Él tomó su mano y ambos caminaron hacia el interior del complejo.
Los empleados los recibieron con profundas reverencias y palabras de bienvenida. El gerente del resort los acompañó personalmente hasta una villa privada reservada exclusivamente para ellos.
Cuando las enormes puertas de madera tallada se abrieron, Fahriye sintió que había entrado en un sueño.
La villa parecía un pequeño palacio.
Los pisos de mármol blanco reflejaban la luz de las lámparas de cristal.
Delicados detalles dorados decoraban las paredes, mientras enormes ventanales permitían contemplar el océano desde prácticamente cualquier rincón de la residencia.
Una terraza privada se extendía sobre la playa.
Más allá, el mar parecía perderse en el horizonte.
La suave brisa marina hacía ondear las cortinas de seda, impregnando el ambiente con el aroma salado del océano.
Fahriye avanzó lentamente hasta el balcón.
Por un instante olvidó todo.
Las intrigas.
La boda.
Adnan.
Las miradas de los invitados.
Y por fin se relajó.
Zayn la observaba en silencio. No podía apartar la vista de su esposa.
La felicidad que iluminaba su rostro era suficiente para hacer que todo aquel viaje hubiera valido la pena.
—¿Te gusta? —preguntó.
Ella giró hacia él con una enorme sonrisa.
—Muchísimo.
Él respiró aliviado.
—Entonces elegí bien.
Después de recorrer la sala principal, ambos subieron al segundo nivel.
Allí se encontraba la habitación principal.
Zayn abrió la puerta.
—Esta será nuestra habitación.
Fahriye entró despacio.
La estancia era aún más impresionante que el resto de la villa.
Una enorme cama con dosel ocupaba el centro de la habitación. Las cortinas blancas caían delicadamente desde el techo, rodeándola como un velo.
Velas aromáticas decoraban los muebles.
Pétalos de rosas descansaban sobre las sábanas perfectamente acomodadas.
Durante un instante, Fahriye dejó de respirar.
Su sonrisa desapareció lentamente.
Su cuerpo se tensó.
Aquella cama... Aquella habitación...
Todo adquirió de pronto un significado completamente distinto.
Ella ya no era simplemente Fahriye. Era la esposa de Zayn.
La esposa del hermano del hombre con quien alguna vez estuvo comprometida.
Sintió que el corazón comenzaba a latir con fuerza.
Sin darse cuenta, permaneció inmóvil observando la cama.
Zayn entró detrás de ella.
Al verla tan seria comprendió inmediatamente lo que ocurría.
Una leve sonrisa apareció en su rostro.
No era una sonrisa burlona. Era tranquila. Comprensiva.
—¿Quieres descansar un poco?
Ella levantó lentamente la mirada.
Asintió casi de inmediato.
—Sí...
—Entonces descansa.
No dijo nada más.
Simplemente le dedicó una sonrisa llena de paciencia.
—Tómate el tiempo que necesites.
Fahriye lo observó con sorpresa.
Había esperado otra reacción.
Sin embargo, Zayn caminó hacia la puerta.
—Voy a revisar algunos detalles con el personal del hotel.
Él salió de la habitación y cerró la puerta con suavidad.
Solo entonces Fahriye soltó el aire que llevaba conteniendo desde hacía varios minutos.
Apoyó ambas manos sobre el pecho.
—¿Qué me sucede...?
Sacudió lentamente la cabeza.
Necesitaba tranquilizarse.
Entró al amplio baño revestido de mármol.
Abrió el agua caliente y permaneció varios minutos bajo la ducha, dejando que el vapor disipara parte de sus nervios.
Al terminar, eligió un sencillo camisón blanco de tela ligera que el hotel había preparado para ella.
Se secó el cabello lentamente y salió de nuevo hacia la habitación.
El ambiente era silencioso.
La luz tenue hacía que todo resultara acogedor.
Suspiró.
Después caminó hasta la cama y se acomodó entre las suaves sábanas.
Cerró los ojos intentando relajarse.
Pero apenas habían transcurrido unos minutos cuando escuchó pasos acercándose por el pasillo.
Su corazón dio un vuelco.
La puerta se abrió lentamente.
Fahriye abrió los ojos de golpe.
Instintivamente se cubrió hasta el cuello con la sábana.
Zayn apareció en la entrada.
Al verla tan sobresaltada comprendió inmediatamente el motivo de su reacción.
No pudo evitar sonreír con ternura.
—Fahriye...
Su voz era tranquila.
—No tengas miedo de mí.
Ella permanecía completamente inmóvil.
Él dio apenas un paso hacia el interior.
—Jamás haré algo que tú no desees.
Aquellas palabras parecieron aliviar una parte de la tensión que la dominaba.
Los hombros de Fahriye se relajaron lentamente.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
Se acomodó nuevamente entre las sábanas e intentó cerrar los ojos.
Pero el sueño no llegaba.
Había algo que llevaba demasiado tiempo oprimiéndole el pecho.
Finalmente habló.
—Zayn...
Él volvió la cabeza.
—¿Sí?
Ella dudó unos segundos.
—¿De verdad... crees en mí?
El silencio volvió a llenar la habitación.
Zayn comprendió inmediatamente de qué hablaba.
Recordó las crueles insinuaciones de Adnan.
Durante un instante sintió rabia.
Sus ojos transmitían una sinceridad absoluta.
—Yo te creo a ti.
Su voz era firme.
—Tu palabra es mi verdad, Fahriye.
Las lágrimas aparecieron en los ojos de la joven.
—Te juro... jamás me habría entregado a un hombre sin que Alá bendijera nuestra unión.
Zayn sonrió con dulzura.
Había deseado besarla desde que la vio vestida de novia.
Había esperado ese momento durante años.
Pero no permitiría que las dudas destruyeran el inicio de su matrimonio.
—Siempre te creeré.
Acarició suavemente su mejilla.
—¿Recuerdas la promesa que hicimos cuando éramos adolescentes?
Fahriye frunció ligeramente el ceño.
Entonces los recuerdos regresaron.
“Años atrás, cuando ella estudiaba en el exclusivo colegio femenino Latifa School y él asistía al Rashid School for Boys, coincidían algunas tardes a la salida de clases gracias a la amistad entre ambas familias.
Una tarde, mientras caminaban por los jardines del palacio de verano, Zayn la había mirado con total seriedad.
—Cuando sea mayor, prometo que solo me casaré con Fahriye Al-Sabah.
Ella, apenas una adolescente de fuerte carácter había levantado el mentón con orgullo.
—Entonces tendrás que cumplir las mismas reglas que yo.
Zayn la había mirado confundido.
—¿Cuáles?
—Yo llegaré pura al matrimonio. Tú también debes hacerlo. Serás fiel solo a mí y respetarás nuestro compromiso igual que yo respetaré el mío. Si no puedes prometerme eso... nunca aceptaré ser tu esposa.
Sin dudarlo, el joven había levantado la mano derecha.
—Lo prometo. Llegaré puro al matrimonio y seré fiel y leal a mi esposa.”
El recuerdo hizo que las mejillas de Fahriye se encendieran.
Regresó al presente.
Zayn tomó con delicadeza una de sus manos y la colocó sobre su pecho desnudo.
Bajo sus dedos sintió los latidos firmes de su corazón.
Él sostuvo su mirada con ternura
—Fahriye... te he esperado todos estos años.
Sus labios dibujaron una sonrisa llena de felicidad.
—Cumplí mi promesa. Llegué hasta ti siendo el mismo hombre que juró amarte cuando apenas éramos unos adolescentes: puro, fiel y completamente entregado a la mujer que siempre consideré mi única esposa.
l se acercó lentamente, y la besó.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me perdiste, CEO árabe
Compré 520 monedas de cobraron, pero no sé desbloquea, es un robo...