Entrar Via

Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 249

Cuando las mujeres Al Qasimi regresaron al palacio, encontraron una escena que jamás olvidarían.

El silencio que reinaba en el majlis era extraño, pesado, como si incluso las paredes de aquel lugar hubieran sido testigos de la vergüenza que acababa de caer sobre la familia.

El eco de los golpes todavía parecía permanecer en el aire.

Zayn estaba de pie junto a uno de los ventanales, con el rostro marcado y una expresión serena, aunque sus ojos revelaban el cansancio de alguien que había cargado demasiado tiempo con una verdad que no le pertenecía.

Apenas Alya lo vio, corrió hacia él.

—¡Zayn!

La voz de la jequesa se quebró.

Tomó el rostro de su hijo entre sus manos, observando el golpe que había recibido con una mezcla de dolor y furia.

—¿Qué te pasó? ¿Quién hizo esto?

Zayn bajó la mirada.

No quería causar más conflicto.

Pero antes de que pudiera responder, Hamdan habló desde el otro extremo del salón.

Su tono estaba cargado de resentimiento.

—Pregúntale a tu hijo.

Alya giró lentamente hacia su esposo.

—¿Qué?

Hamdan señaló a Zayn con una expresión fría.

—Tu adorado hijo lo sabía todo. Sabía lo de Adnan y se quedó callado ante nosotros. En lugar de venir con su familia, prefirió correr a contárselo a Fahriye.

Por unos segundos, Alya simplemente lo miró.

Como si no pudiera creer lo que acababa de escuchar.

Después, algo dentro de ella cambió.

La tristeza desapareció. Solo quedó la indignación.

Se colocó frente a Hamdan.

—¿Y por eso lo golpeaste?

Hamdan apretó la mandíbula.

—Alya, tú no entiendes la humillación que hemos sufrido. La familia ha quedado expuesta. El honor de los Al Qasimi...

—No vuelvas a hablarme de honor.

La interrupción de Alya hizo que todos guardaran silencio.

Ella lo miró con una decepción profunda.

—No me hables de honor cuando lo único que intentas hacer es encontrar a alguien más a quien culpar por los errores de Adnan.

Hamdan quedó inmóvil.

Porque en el fondo sabía que ella tenía razón.

Alya se giró hacia Zayn y lo abrazó con fuerza.

Como cuando era un niño.

Pero la abuela Cerem no tenía intención de quedarse en silencio.

La matriarca avanzó hacia Hamdan.

Su rostro estaba completamente serio.

Y sin advertencia alguna, su mano cruzó el rostro de su hijo.

El sonido de la bofetada resonó en el salón.

Hamdan quedó inmóvil.

—¡Madre!

Se llevó la mano a la mejilla, incapaz de creer lo que había ocurrido.

Cerem lo miró sin compasión.

—Te lo mereces, por todos los años en los que confundiste amar a un hijo con permitirle hacer lo que quisiera.

La anciana miró hacia donde se encontraba Adnan.

—Mira lo que criaste.

Adnan apartó la mirada.

Por primera vez, parecía pequeño.

Pero no arrepentido.

Solo herido en su orgullo.

En ese momento, las puertas del salón se abrieron.

El Emir Rashid entró.

Su expresión era seria.

No quedaba nada del hombre que había preparado una celebración.

Ahora solo quedaba un patriarca obligado a reparar una vergüenza.

—Prepárense.

Todos guardaron silencio.

—Iremos a la mansión Al-Sabah.

Adnan levantó la mirada.

—¿Ahora?

El Emir lo ignoró.

—Los hombres y las matriarcas irán conmigo.

Después miró a sus familiares.

—Entregaremos la dote completa. Intacta. Será entregada a Fahriye como compensación por el daño moral causado.

Adnan apretó los puños.

—¡Ella no merece nada de eso!

Todos lo miraron.

La abuela Cerem fue quien respondió.

—Cállate.

Nunca Adnan había escuchado tanta frialdad en su voz.

—Hoy vi exactamente qué clase de hombre eres.

La anciana negó lentamente.

—Y me avergüenza decir que llevas nuestra sangre.

—Abuela...

Pero Cerem ya no quería escucharlo. Le dio la espalda.

Fue una humillación mayor que cualquier golpe.

—La dote será entregada completa. Y haremos todo lo necesario para proteger la reputación de Fahriye.

Omar iba a responder.

Pero Adnan dio un paso adelante. Su orgullo había vuelto a dominarlo.

—Fahriye.

Ella lo miró por primera vez. Y lo que vio ya no fue al hombre que amaba.

Fue a un extraño.

—Habibti, no seas necia.

Adnan extendió las manos.

—Esa mujer no significa nada. Fue un error.

Fahriye permaneció en silencio.

—Puedes ser mi esposa principal. Puedes tener el lugar que siempre quisiste. Ella solo será una segunda esposa.

Sus palabras dejaron a todos sin habla.

—Incluso puedes aceptar a mis hijos y criarlos como tuyos.

La incredulidad apareció en el rostro de Fahriye.

¿Realmente pensaba que podía ofrecerle eso después de destruirla?

Antes de que alguien pudiera intervenir, Fahriye dio un paso al frente.

Y su mano golpeó el rostro de Adnan. El sonido resonó por todo el salón.

Adnan quedó inmóvil.

La rabia comenzó a apoderarse de él. No porque le doliera el golpe.

Sino porque una mujer se había atrevido a rechazarlo.

—¡Fahriye!

Su voz se volvió oscura.

—¡Tú tienes que casarte conmigo quieras o no!

Todos quedaron tensos.

—Recuerda que ya estuvimos juntos.

El mundo pareció detenerse.

—Ya no eres pura.

Fahriye palideció.

—Te entregaste a mí.

Adnan sonrió con crueldad.

—Ninguna otra familia te aceptará ahora.

El silencio fue devastador.

Fahriye sintió cómo las lágrimas llenaban sus ojos.

No por vergüenza. Sino por dolor.

Por descubrir que el hombre que decía amarla era capaz de usar su propia dignidad como arma.

—¡Eso es mentira! —gritó finalmente.

Su voz quebró el silencio.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Me perdiste, CEO árabe