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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 244

Veinte años después del final.

Fahriye observaba su vestido de novia frente al espejo.

Todo estaba preparado.

Al día siguiente sería el Al Zehba, una de las celebraciones previas al matrimonio donde la familia del novio acudiría con regalos y muestras de respeto hacia la futura esposa.

Después vendría la boda.

Su boda. Sonrió ligeramente mientras sus dedos acomodaban una pequeña parte de su cabello color marrón oscuro.

Durante años había imaginado ese momento.

Adnan Al Qasimi era considerado por muchos como el hombre perfecto. Educado. Elegante. Responsable.

El nieto mayor del Emir de Furayia, e hijo de la difunta esposa del jeque Hamdan.

Un hombre preparado para un futuro de liderazgo.

Cuando estaban juntos, Fahriye creía haber encontrado estabilidad.

Una vida tranquila. Un amor seguro.

Aunque, en el pasado, muchos habían pensado que terminaría casándose con otro hombre.

El príncipe Zayn Al Qasimi, el hermano menor.

Durante su infancia, Zayn había sido su compañero inseparable. Crecieron juntos. Compartieron juegos, secretos y sueños infantiles.

Él era diferente a los demás.

Aunque llevaba un título importante, nunca la trató como alguien inferior. Para él, Fahriye solo era Fahriye.

La niña que corría por los jardines del palacio.

La única persona que podía hacerlo reír cuando todos esperaban que actuara como un príncipe perfecto.

Pero el tiempo pasó.

Zayn se fue a estudiar al extranjero. Estados Unidos se convirtió en su nuevo hogar durante años.

Las llamadas se volvieron menos frecuentes. Los mensajes desaparecieron.

Y poco a poco, aquella conexión que parecía eterna quedó convertida en un recuerdo.

Cuando Zayn regresó, Fahriye ya había encontrado a Adnan.

Y ella había decidido seguir adelante.

Ahora estaba a punto de casarse.

Había elegido su futuro. O eso creía.

**

Su teléfono vibró.

Fahriye miró la pantalla. Era Inaya.

Sonrió al principio.

Pero cuando contestó, la sonrisa desapareció.

—Prima...

La voz de Inaya sonaba extraña. Tensa.

—Necesito verte.

Fahriye frunció el ceño.

—¿Ahora?

Era tarde.

—Sí. Es urgente.

Hubo un silencio extraño.

—¿Qué sucede?

—No puedo explicártelo por teléfono.

Inaya respiró profundamente.

—Por favor, ven. Te enviaré la dirección.

La llamada terminó. Fahriye se quedó mirando el teléfono.

Conocía a Inaya. Sabía que no era una persona dramática.

Nunca hablaba de esa manera.

Algo estaba mal.

***

A pesar de la hora, salió de casa.

El invierno había llegado a Dubái.

La noche era fresca y el viento movía ligeramente los árboles del parque donde Inaya le había pedido encontrarse.

Cuando llegó, la vio.

Pero algo en su postura hizo que su corazón se acelerara.

Inaya estaba de pie junto al lago artificial.

Y cuando Fahriye se acercó, notó sus ojos.

Había miedo.

—Inaya...

Su prima se giró.

—Fahriye.

—¿Qué ocurre?

Inaya abrió la boca para responder, pero antes de hacerlo miró detrás de ella.

Fahriye siguió su mirada. Y se quedó inmóvil.

Un hombre estaba allí. Alto. Elegante. Con una presencia que no había cambiado a pesar de los años.

Sus ojos se encontraron.

Por un segundo, Fahriye volvió a ver al niño que corría junto a ella por los jardines del palacio.

Pero ya no era un niño.

Era el príncipe Zayn Al Qasimi.

Fahriye reaccionó inmediatamente.

Hizo una pequeña reverencia.

—Su alteza.

Zayn inclinó ligeramente la cabeza.

Pero su expresión no era la de un jeque que había encontrado a una conocida después de años.

Era más seria.

—Señorita Inaya —dijo finalmente—. Puede retirarse.

Fahriye abrió los ojos sorprendida.

Inaya miró a ambos. Parecía confundida.

—¿Estás seguro?

Zayn asintió.

—Mi comitiva está esperando en el vehículo. No estaremos solos.

Inaya miró a su prima.

Fahriye tampoco entendía nada.

Caminaron en silencio.

Un guardia abrió una puerta y les permitió entrar.

Entonces Zayn se detuvo.

La miró. Y por primera vez Fahriye vio algo diferente en sus ojos.

—Lo siento mucho, Fahriye.

Ella sintió un escalofrío.

—¿Por qué?

Zayn tragó saliva.

—Porque no mereces vivir una mentira.

Sus palabras la golpearon.

—Adnan...

El silencio fue suficiente. Fahriye sintió que su respiración se detenía.

Zayn señaló hacia el gran ventanal.

—Mira.

Ella caminó lentamente. Y entonces lo vio.

Adnan. El hombre que mañana debía presentarse ante su familia como su futuro esposo. El hombre que le había prometido amor eterno. Estaba allí.

Pero no estaba solo.

Tenía a un pequeño niño entre sus brazos. Y una mujer descansaba junto a él.

La escena parecía una familia. Una familia feliz.

Fahriye sintió que algo dentro de ella se rompía.

Sus ojos se llenaron de lágrimas. No gritó. No corrió hacia él.

No hizo una escena. Simplemente observó.

Porque a veces la traición más dolorosa no necesita palabras.

Solo necesita ser vista.

"Traidor."

Esa palabra apareció en su mente.

Lentamente, Fahriye se limpió las lágrimas.

Su corazón estaba destrozado. Pero su orgullo seguía intacto.

—Mi hermano… tiene otra mujer y un hijo, no quiero que te cases engañada, lo hago por lealtad a nuestra infancia.

—Gracias.

Él pareció sorprendido.

—¿Qué harás?

Fahriye respiró profundamente, tomó su telefono y encendió la cámara, tomó fotos y videos.

Miró una última vez hacia el ventanal.

—Eso es asunto mío.

Zayn la observó.

Y en ese momento recordó algo.

La niña que conoció años atrás había crecido.

Era una mujer capaz de enfrentarse al dolor sin perderse a sí misma.

Fahriye caminó hacia la salida.

—Lléveme a casa, su alteza.

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