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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 230

Al día siguiente, cuando Samyra conoció los detalles del mahr que Omar había preparado para ella, quedó completamente sorprendida.

Durante varios segundos no pudo decir una palabra.

Solo lo miró.

—Omar... esto es demasiado.

Él sonrió con calma mientras tomaba su mano.

—No, mi amor. Esto es lo que mereces.

Samyra negó suavemente.

—Sabes que nunca me casé contigo por tu dinero.

—Lo sé.

Omar acarició sus dedos con ternura.

—Y precisamente por eso significa tanto para mí.

Se acercó y besó su frente.

—No quiero darte riquezas para comprar tu amor, Samyra. Tu amor nunca estuvo en venta.

Sus ojos se encontraron.

—Quiero darte seguridad porque durante mucho tiempo hice que sintieras que no tenías un lugar seguro a mi lado.

La expresión de Samyra cambió.

Porque esas palabras eran las que realmente necesitaba escuchar.

No los diamantes. No las propiedades. No la fortuna.

Sino saber que Omar finalmente entendía cuánto había sufrido.

—Todo lo que tengo es tuyo y de nuestros hijos —continuó él—. Mi fortuna, mi nombre, mi hogar... pero, sobre todo, mi corazón.

Samyra sonrió con los ojos llenos de emoción.

Después de todo lo que habían vivido, nunca imaginó volver a escuchar esas palabras.

Pero esta vez eran diferentes.

Porque ahora Omar no hablaba desde la culpa.

Hablaba desde el amor.

***

El hotel donde se celebraría la boda parecía sacado de un sueño.

Era uno de los lugares más exclusivos de Dubái, preparado durante semanas para recibir a la familia Al-Sabah y a sus invitados.

Mientras Omar se dirigía al salón principal, Samyra llegó a la suite destinada para la novia.

Allí la esperaban las estilistas y Nassira.

Ambas mujeres compartían un momento que años atrás parecía imposible.

Volverían a casarse.

Pero esta vez no como mujeres que intentaban sobrevivir.

Sino como mujeres que habían encontrado su felicidad.

Las estilistas comenzaron a arreglar a Samyra con delicadeza.

Sonrió al verse, porque la mujer que estaba frente al espejo ya no era la misma.

Había aprendido a defenderse. A valorarse.

A entender que merecía ser elegida.

***

Mientras tanto, en el gran Majlis, el ambiente era completamente diferente al de años atrás.

El aroma del oud quemado y el café con cardamomo llenaba la estancia.

Los hombres más importantes de la familia y los miembros más respetados de la sociedad estaban reunidos en los majestuosos sofás de terciopelo.

Todos esperaban el momento de la ceremonia.

En el centro de todas las miradas estaba Omar Al-Sabah.

El zaffah anunció la entrada del novio.

El Salón Al Falak del hotel parecía un lugar de fantasía.

Cristales iluminados. Orquídeas blancas. Flores cuidadosamente colocadas.

Las invitadas observaron emocionadas mientras Omar avanzaba.

Vestía una elegante kandura, pero ignoró las miradas, los flashes y los saludos.

Su atención estaba en una sola persona.

Samyra.

Ella estaba en el kosha, el trono nupcial.

Cuando sus ojos se encontraron, todo lo demás desapareció.

No eran los mismos jóvenes que años atrás habían cometido errores.

Eran dos personas que habían sufrido, aprendido y elegido encontrarse nuevamente.

Omar subió los escalones lentamente. Tomó sus manos entre las suyas.

Esta vez no había miedo. No había dudas. Solo amor.

—Te lo prometí, mi Samyra —susurró.

Su voz se quebró ligeramente.

—Te prometí que algún día volvería a colocar este anillo en tu dedo. Pero esta vez no porque debía hacerlo. Esta vez porque mi corazón es solo tuyo.

Samyra sintió lágrimas recorrer sus mejillas.

Omar sonrió.

—Antes fui tu esposo sin entender completamente lo que significaba. Hoy vuelvo a serlo sabiendo que eres el mayor regalo que la vida me dio.

Besó su frente con infinita ternura. No era solo un gesto de amor. Era una promesa.

Una promesa que ya no estaba escrita en un contrato. Estaba escrita en sus corazones. Y esta vez, ninguno de los dos permitiría que nada los separara.

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