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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 216

Al regresar a casa...

Nassira buscó a Omar en el jardín.

Él observaba a los gemelos dormir en el cochecito.

—Hermano... ¿De verdad puedo casarme con Phillip?

Omar sonrió sin apartar la vista de los bebés.

—Claro que sí. Pero primero deberá pedir oficialmente tu mano. Ya conoces nuestras tradiciones. Tendrá que hablar con los abuelos. Con la familia. Y hacer las cosas correctamente.

Nassira lo abrazó con fuerza.

—¿Por qué haces tanto por mí?

Omar le acarició la cabeza.

—Porque eres mi hermana. Y porque quiero verte feliz.

Ella comenzó a llorar.

—Entonces prométeme algo.

Él la miró.

—Prométeme que también lucharás por tu propia felicidad. Por Samyra. Por tus hijos. Y por ti. No te rindas.

Omar sonrió.

Después levantó la mano y secó las lágrimas de Nassira.

—Te lo prometo.

***

A la mañana siguiente...

Omar abrió los ojos antes del amanecer.

Durante unos segundos permaneció inmóvil.

Escuchando el silencio de la casa.

Era el día. La primera aplicación del tratamiento experimental.

Quizá... La oportunidad que llevaba esperando. Giró lentamente la cabeza.

Samyra dormía profundamente a su lado.

Su respiración era tranquila. Parecía agotada.

Omar sonrió con ternura. No quiso despertarla.

Después caminó hasta la habitación de los gemelos. Los dos seguían profundamente dormidos.

Se inclinó sobre la cuna. Los observó durante largo rato.

Finalmente tomó primero a uno. Después al otro.

Los sostuvo contra su pecho. Comenzó a cantarles una vieja canción de cuna que su madre les cantaba a él y a Nassira cuando eran niños.

Los pequeños dormidos.

Uno de ellos abrió apenas la manita y sujetó uno de sus dedos.

Omar sintió que el pecho se le oprimía.

"Voy a volver." "Haré todo lo posible por volver con ustedes."

No pronunció aquellas palabras.

Solo las guardó dentro de su corazón.

Cuando Samyra despertó y apareció en la puerta, encontró aquella escena.

Su esposo abrazando a sus hijos mientras les cantaba.

Ella comprendió inmediatamente lo que significaba.

No era una despedida. Era la forma que tenía Omar de reunir fuerzas para enfrentar el día más importante de su vida.

Se acercó lentamente.

Apoyó la cabeza sobre su hombro.

—Todo saldrá bien.

Él besó su frente.

—Lo sé. Porque tú nunca dejaste de creer en mí.

***

Horas después llegaron al hospital.

El ambiente era completamente distinto al de cualquier otro día.

No solo estaban Phillip y Elise.

También había investigadores, especialistas en farmacología, inmunólogos y miembros del comité científico que supervisaba el ensayo clínico.

El protocolo era estricto.

Cada documento fue revisado varias veces. Cada consentimiento firmado. Cada equipo calibrado.

No estaban a punto de tratar únicamente a un paciente.

Estaban a punto de escribir una página en la historia de la medicina.

Omar fue conducido hacia la sala de tratamiento.

Antes de entrar volvió la vista hacia Samyra.

Phillip continuó.

—Cuando las nanopartículas lleguen a su destino, liberarán un sistema de edición genética de alta precisión. Ese sistema insertará en tus células una secuencia que nosotros llamamos "el gen centinela".

Uno de los investigadores cambió la imagen de la pantalla. Ahora podía verse una célula sana junto a otra cancerosa.

Phillip señaló la proyección.

—En condiciones normales, ese gen permanecerá completamente inactivo. Vivirá dentro de tus células sin alterar ninguna función de tu organismo. No afectará tu vida cotidiana ni modificará tu comportamiento biológico.

Hizo una breve pausa antes de continuar.

—Pero si algún día una célula intenta transformarse en cancerosa, liberará unos biomarcadores específicos. En ese instante, el gen centinela despertará.

El silencio se volvió aún más profundo.

—Su única función será impedir que el cáncer nazca. Antes de que esa célula pueda multiplicarse, antes de que forme un tumor, antes incluso de que sea detectable mediante estudios clínicos... activará un mecanismo de autodestrucción celular. La célula se eliminará a sí misma. El cáncer morirá... antes de existir.

Nadie dijo una palabra. Incluso los investigadores permanecían sobrecogidos al escuchar, una vez más, el alcance de aquella tecnología.

Samyra sintió que las manos le temblaban.

Había soñado durante años con ese momento. Había sacrificado incontables noches de trabajo. Había perdido pacientes que jamás pudieron beneficiarse de aquel descubrimiento.

Y ahora... el tratamiento lo recibiría el hombre que más amaba.

Phillip volvió a mirar a Omar.

—En teoría, este tratamiento no solo combatirá tu enfermedad actual. Si funciona como esperamos, podría impedir que el cáncer vuelva a aparecer durante el resto de tu vida.

Omar cerró lentamente los ojos. Respiró hondo.

Después abrió una pequeña sonrisa.

—Entonces... Vale la pena intentarlo.

Miró primero a Phillip. Luego a Elise.

Y finalmente dirigió la vista hacia el cristal donde Samyra lo observaba con los ojos llenos de lágrimas.

Le sonrió con tranquilidad.

—Estoy listo.

Phillip tomó su brazo con cuidado. Colocó la aguja sobre la vena.

Toda la sala contuvo la respiración.

—Comencemos.

La aguja atravesó la piel. El líquido transparente comenzó a entrar lentamente en el cuerpo de Omar.

En ese instante... Ya no había nada más que hacer.

El resto quedaba en manos de la ciencia. Y de Alá.

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