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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 205

Phillip rompió lentamente el beso.

Sus frentes permanecieron apoyadas una contra la otra mientras ambos intentaban recuperar el aliento.

Por un instante ninguno habló. Solo se escuchaban sus respiraciones agitadas.

Él levantó una mano y acarició lentamente la mejilla de Nassira.

Sus ojos, antes llenos de melancolía, ahora reflejaban un deseo profundo, pero también una enorme ternura.

Jamás había besado a una mujer de aquella manera.

No era solo pasión. Era la sensación de haber encontrado a alguien que comprendía exactamente la soledad que llevaba dentro.

Nassira levantó lentamente la mirada.

Su corazón latía con tanta fuerza que le dolía el pecho.

Jamás un hombre la había mirado así. Jamás nadie la había hecho sentir hermosa.

Deseada. Especial.

Phillip respiró profundamente.

—Nassira... si me lo pides, me detendré ahora mismo.

Ella sintió que las lágrimas amenazaban con salir.

Su mente era un caos.

"Esto está mal."

"Debo irme." "Mi padre jamás me perdonaría."

"Alá... ¿qué estoy haciendo?"

Pero otra voz, mucho más silenciosa, hablaba desde lo más profundo de su corazón.

"Solo quiero dejar de sentirme sola."

Sus labios comenzaron a temblar.

—Tengo miedo...

Phillip entrelazó suavemente sus dedos con los de ella.

—Lo sé.

—No... no lo sabes.

Bajó la mirada, avergonzada.

—Nunca he estado con otro hombre que no sea mi primer esposo Nunca besé a nadie más. No sé qué hacer... No soy una mujer experimentada. Quizá ni siquiera pueda hacerte feliz. Tengo miedo de no ser suficiente.

Phillip sintió que el corazón se le oprimía. Le dolía escuchar aquellas palabras.

Con delicadeza apoyó un dedo sobre los labios de Nassira.

—No vuelvas a decir eso.

Ella levantó lentamente la vista.

Él sonrió con dulzura.

—No necesito que seas perfecta. No quiero una mujer que intente impresionarme. Quiero una mujer que pueda ser ella misma. Que te sientas segura. Que disfrutes. Si tú eres feliz... yo también lo seré.

Nassira se sorprendió. Nadie le había hablado así. Toda su vida le enseñaron cómo debía comportarse para ser una buena esposa. Cómo debía vestir. Cómo debía hablar. Cómo debía obedecer.

Pero jamás alguien le había dicho que lo importante era que ella también fuera feliz.

Phillip respiró profundamente.

Él también tenía miedo.

No quería aprovecharse de la vulnerabilidad de aquella mujer.

No quería que al despertar sintiera que había cometido el peor error de su vida.

—Quizá deberíamos detenernos...

Ella levantó la cabeza.

—¿Por qué?

—Porque mañana podrías arrepentirte. Y si eso ocurre... jamás podría perdonármelo.

Nassira permaneció inmóvil.

Lo observó durante varios segundos.

Aquellas palabras terminaron de romper todas sus defensas.

Él estaba pensando en ella. No en sí mismo. No en su deseo.

Con una mano acarició lentamente el rostro de Phillip.

—No sé qué ocurrirá mañana... Pero esta noche... Quiero dejar de sentir miedo. Quiero dejar de sentirme sola. Quiero sentir que soy una mujer... No una obligación... No una hija perfecta... Solo yo.

Phillip cerró los ojos un instante.

Después tomó suavemente su rostro entre las manos.

—Entonces ven conmigo.

Él se levantó lentamente. Nassira también.

Intentaron caminar hacia la habitación, pero ambos seguían mareados por el vino.

Phillip tropezó con la alfombra.

Ella soltó una carcajada.

—¡Cuidado!

Él terminó sujetándose de la pared.

—Creo que el whisky fue demasiada buena compañía.

Ella volvió a reír. Aquella risa era tan espontánea que hacía mucho tiempo no sonaba así.

Llegaron finalmente a la habitación entre pequeñas bromas.

La puerta quedó entreabierta.

Cuando estuvieron frente a frente volvió el silencio.

Phillip levantó una mano. Esperó.

No hizo nada más. Le daba la oportunidad de marcharse.

Solo una extraña paz.

—No te vayas...

Ella evitó mirarlo.

—Lo de anoche fue un error.

Él negó lentamente.

—Para mí no lo fue.

Nassira bajó la cabeza.

—¿Te arrepientes?

Ella tardó varios segundos en responder.

Finalmente susurró:

—No... no me arrepiento de haber estado contigo.

Las palabras escaparon antes de poder detenerlas.

Phillip sonrió con tristeza.

—Yo tampoco me arrepiento.

Ella levantó la mirada.

Él se acercó despacio.

—Nassira... Anoche descubrí algo.

Ella permaneció en silencio.

—Llevaba mucho tiempo buscando a alguien con quien construir una vida. Pensé que buscaba a la mujer perfecta. Y anoche comprendí que estaba equivocado. Lo que realmente buscaba era alguien que compartiera mis mismos sueños. Formar una familia. Llegar cansado del trabajo y encontrar un hogar. Tener a alguien que permanezca conmigo incluso cuando la vida sea difícil. Tú quieres exactamente lo mismo.

Nassira sintió que el corazón volvía a acelerarse.

Phillip tomó lentamente sus manos.

—No te estoy hablando porque nos acostamos. Si eso nunca hubiera ocurrido... Aun así, seguiría pensando lo mismo después de hablar contigo durante horas. Porque anoche conocí a la verdadera Nassira. Y quiero a esa mujer en mi vida

Ella le miró sorprendida, sin saber que decir.

Él continuó:

—No sé si esto sea amor todavía. Quizá aún no.

Respiró profundamente.

—No quiero que desaparezcas de mi vida cuando salgas por esa puerta. Quiero quedarme contigo.

Nassira lo miraba completamente inmóvil.

Phillip apretó con suavidad sus manos.

—No te estoy pidiendo una respuesta hoy. Solo quiero preguntarte una cosa... ¿Me permitirías quedarme a tu lado?

El silencio llenó la habitación.

Nassira sintió que el mundo entero se detenía.

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