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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 81

LA TRAMPA PERFECTA. CAPÍTULO 81. Entrenamiento

No había palabras para describir lo que Sebastián Vandewood estaba sintiendo en aquel momento. Había traiciones en el mundo, y luego estaba el dolor, aquel dolor infinito, dramático, épico, trágico, que significaba darse cuenta de que alguien a quien amaba lo estuviera engañando.

En ese instante se daba cuenta de que Ivanna jamás le había importado en lo absoluto, porque no había sentido siquiera un poco de dolor cuando se había dado cuenta de que su exprometida había tratado de matarlo. Sin embargo allí estaba, al otro lado de aquella puerta, muriéndose solo por imaginarse lo que estaba pasando en ese baño entre Ranger y Michelle.

¡No podía creerlo! ¡No quería creerlo! ¡Y todo el instinto bruto de los Vanderwood se le salió en el mismo momento en que empujó aquella puerta con el hombro y la abrió de un tirón, dando dos pasos adentro, listo para enfrentarse a todo... menos a lo que estaba viendo!

Ranger y Michelle estaban cerca, demasiado cerca uno del otro, con aquella complicidad terrible que les daba tener una pequeña caja entre los dos, abierta, con aquella... cosa.

—¿Michelle…? —murmuró con voz ahogada sin poder creer lo que estaba viendo—. Eso es una... cucaracha? —preguntó y la muchacha soltó el bicho muerto en un solo segundo, llevándose las manos a la espalda como si fuera una niña atrapada en plena travesura, mientras con la cabeza señalaba Ranger.

—¡Fue idea suya, juro que fue idea suya! ¡Él me obligó! —exclamó haciendo un puchero y Sebastián vio la cucarachita muerta caer en un rincón del baño.

Ranger evidentemente tenía cara de atrapado infraganti, y Michelle tenía cara de que no rompía un plato cuando era evidente que se estaba cargando toda la vajilla. Y todo aquel susto, y toda aquella frustración que tenía Sebastián al imaginar que Michelle estaba acostándose con Ranger, se le convirtió en incredulidad en el mismo momento en que conectó todos los hilos y se dio cuenta de lo que la cucarachita significaba.

Les dio la espalda con la sangre hirviéndole en las venas y un segundo después volvía para lanzar un delantal y un par de guantes de goma contra el pecho del exmilitar.

—¡Pues este baño lo limpias tú, cabrón! —sentenció con tono acusatorio mientras Ranger hacía una mueca resignada—. ¡Y tú! —exclamó girándose hacia Michelle, que se sobresaltó en un segundo—. ¡Esto es mucha crueldad de tu parte! ¡Yo de verdad me preocupe por ti! ¡Fregué toda la put@ cocina por la condenada cucaracha muerta! ¡¿Y ahora qué ibas a hacer?! ¿¡Me ibas a poner a limpiar el baño también!?

Michelle abrió y cerró la boca varias veces, pero finalmente se encogió de hombros pestañando despacio.

—Bueno bueno, tómatelo como un entrenamiento, cuando vengan los niños igual vamos a tener que mantener la casa muy muy limpia, entonces… ya sabes, ¡entrenamiento! —contestó como si fuera lo más natural del mundo.

—¡Tiene que ser una maldit@ broma! —bufó Sebastián con incredulidad.

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