PEQUEÑA REBELDE. EXTRA.
Ni siquiera valía la pena discutirlo: la señora Gabriella Wallis era una mujer de temer. Pero la señora Gabriella Wallis con dolores de parto era algo así como el dragón de aquel colgante que no se quitaba.
—¡Rangeeeeeeeerrrrrrrrr! —gritó cuando una de las últimas contracciones la hizo apretar los puños hasta que los nudillos se le quedaron blancos.
Y junto a ella su flamante... adorado...
—¡¿Cuándo carajos te vas a casar conmigo?! —reclamó y Ranger a su lado puso los ojos más grandes que los de un avestruz sobresaltado.
—¡¿Eh!? —murmuró aturdido—. ¿¡Ca... casarnos...?!
—¡Pues sí, casarnos, tarado! ¡Estoy a punto de tener a tu hijo y no has hecho de mí una mujer decente! —le gritó mientras respiraba pesadamente esperando la siguiente contracción, que no tardó en llegar.
—¡Pero cosita! ¡¿Y yo cómo iba a saber que tú querías casarte!? ¡Si es que tú siempre vas contra el tráfico! ¡Eres una rebelde...!
—¡RANGER!
—¡Pero eres la mía! —aseguró él inclinándose para besarla—. Mi pequeña, linda, hermosa rebelde. Y un instante después gritaba hacia la puerta—. ¡Un anillo por favor!
Y antes de que la doctora pudiera protestar cinco manos atravesaron la puerta y todas con un anillo diferente.
—¿Quién ganó la apuesta? —preguntó Asher y su gemelo le puso los ojos en blanco.
—Papá, por supuesto.
—Pero igual todos vinieron preparados para aplacar a la bestia —se rio el señor Rufus mirando a sus hijos, y viendo cómo Ranger agarraba uno de aquellos anillos y se lo ponía a Gabriella en el dedo con un puchero de súplica.
—Mi amor, por favor, ¿te casarías conmigo y me harías el honor de darme...?
—¡Nooooooooooo! —gritó ella en medio de otra contracción y Ranger se mesó los cabellos.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana