CAPÍTULO 78. No lo abandones
Aquella iglesia siendo bombardeada le habría provocado menos impacto a Lynett que esas palabras saliendo de la boca de su hermana.
“Es una pena. Porque si yo fuera tú, lo último que querría es tener un vínculo con el hombre que mató a mi padre”.
—Eso… eso no es cierto… —intentó negar mientras sentía aquellas náuseas que la hacían tambalearse—. No puede ser que… él no… —Lynett se sostuvo de la pared más cercana y negó con vehemencia, porque lo último que podía pensar era que Elijah hubiera tenido algo que ver con eso—. Los médicos… los médicos dijeron que mi padre murió de causas naturales. Tuvo un infarto, eso no tiene nada que ver con Elijah…
—Tu padre murió de un coraje, esa es la verdad —replicó Josselyn con tono gélido—. ¿Qué estaba mal del corazón? Sí, eso es cierto. Pero también es cierto que no quería vender la mitad de su empresa.
La muchacha frunció el ceño y miró a su hermana con ojos azorados.
—Sabes lo que es una adquisición hostil ¿verdad? —dijo Joss porque en aquel punto solo quería que Lynett se marchara de allí—. Tu padre habría podido conseguir un préstamo en los bancos para mantener la empresa en pie. Habría podido buscar otros socios menores, tenía alternativas… pero Elijah se encaprichó con la transportadora y le cerró cada una de las puertas. ¡Nadie quiso hacer negocios con él, nadie quiso ayudarlo! ¡Elijah lo forzó a venderle la mita de la empresa y hasta lo iba a sacar de la presidencia! ¡Por eso a tu padre le dio un infarto! ¡¿No te das cuenta de que se murió en el mismo momento en que firmó esa venta?! ¡Elijah estaba con él en ese momento! ¡Su corazón simplemente no lo soportó!
Si no hubiera tenido una pared detrás de ella para sostenerla, Lynett definitivamente se habría desmayado allí mismo.
—Lo siento, pero es la verdad. Te has estado divirtiendo con el hombre que mató a tu padre. ¿Todavía quieres tener cualquier vínculo con él? —siseó Josselyn y Lynett respiró hondo mientras daba tres dolorosos pasos hacia ella y se inclinaba para quedar a su altura.
—Tú tienes que ser el amor de su vida —susurró—. Porque los dos son iguales. Cásate con él. Sé feliz con él. Sobrevive con él. No me importa… Solo te pido por favor, por ese amor tan grande que le tienes, no lo abandones. No lo abandones nunca…
—No lo haré —le aseguró Joss con los dientes apretados.
—Bien —suspiró Lynett incorporándose y dándole la espalda—. Así cuando él caiga, caerán juntos.
Josselyn contuvo el aliento, porque jamás en la boca de la niñita dulce que había sido su hermana había esperado escuchar una amenaza como aquella, sin embargo antes de que pudiera responder ya ella cojeaba fuera de la iglesia, ahogada en un mar de sollozos, culpa y desesperación.
Lynett alcanzó tan rápido como pudo el auto en el que había llegado y se metió en el tráfico con un gesto de dolor. Forzar aquel pie le daba hasta náuseas, pero ninguna podía competir con el malestar de su embarazo o el horror de lo que acababa de saber.
¡Elijah con Josselyn!
¡Elijah era el prometido de su hermana!
¡Jamás le había dicho nada, su boda había sido una mentira!
¡Elijah la había engañado de todas las maneras posibles, a ella y a su padre…!
Lynett sentía que no podría con tanto dolor, pero en uno de los semáforos con luz roja se detuvo y sacó su celular. Una llamada, sabía que una llamada era todo lo que necesitaba, pero si era honesta estaba tan rota que no se había creído que mereciera hacerla.
—¿Kenneth…? —murmuró apenas escuchó que él levantó su línea personal.
“¿Lynett…?” Y no se atrevió a preguntar si estaba bien porque por el tono de su voz era más que obvio que no lo estaba. “¿Qué necesitas?”
—¿Recuerdas…? ¿Recuerdas eso que te pedí? —susurró ella intentando contener los sollozos—. Lo necesito ahora. Ahora mismo.

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