LA TRAMPA PERFECTA. CAPÍTULO 77. Para quedarme
Si se hubiera podido teletransportar, Sebastián Vanderwood se habría aparecido mágica, tecnológica, y desesperadamente en Denver, Colorado, en aquel mismo instante. Pero por desgracia tenía que hacer como cualquier ser humano normal y racional, contratar un helicóptero, y salir con toda la prisa hacia Piney River, ahora que era consciente de que había cumplido su promesa.
No sabía explicar qué era aquello que le cosquilleaba en las puntas de los dedos, lo único de lo que estaba completamente seguro era de que quería llegar donde estaba Michelle y pelearse con ella de alguna manera, no le importaba cuál, solo quería estar allí con ella, acompañarla y ver aquella pancita crecer hasta asegurarse de si venía un bebé o venían dos; ¡y luego no dormir porque daba igual si eran uno o dos o veinticinco, si salían a él era probable que nadie volviera a dormir en Piney River nunca jamás!
Llevaba una sonrisa de oreja a oreja en el mismo momento en que atravesó las puertas de la hacienda y la abuela Constance salió para darle un abrazo.
—¿Vienes a quedarte o a despedirte? —le preguntó la abuela con expresión nerviosa y Sebastián le dio una vuelta como si estuviera a punto de invitarla a un baile.
—¡Vengo a quedarme, viejita mía! ¡Vengo a quedarme! —exclamó y la señora Constance le abrió mucho los ojos, señalándolo con un dedito acusador.
—¿¡Cómo me llamaste!? ¡Vieja será tu abuela!
—¡Tú eres mi abuela! —rio Sebastián y la señora Constance miró a Merci, que se desternillaba de risa desde una esquina del portal.
—¡Si es que está hecho para ella! ¡No lo quiere reconocer porque es un tarado natural, pero este niño está hecho para Michelle! —les gritó Merci y solo unos instantes después Sebastián se despedía de ellas para subirse a una camioneta y largarse a toda prisa hacia la cabaña.
—Bueno ¿y ustedes dos qué? —preguntó la abuela mirando a Eva y Asher, que se habían quedado allí parados como si no tuvieran a dónde ir.
—¿No hay otra cabaña por aquí, abuela? Digo… ¡debes tener alguna de respaldo! —exclamó Asher encogiéndose de hombros—. Teniendo en cuenta que Michelle y Sebastián pueden quemar la que tienen cualquier día, me imagino que tú habrás tomado precauciones...
—¡Oye, oye, que yo no me voy a ir contigo a ninguna cabaña, Risitas! —sentenció Eva—. ¡Yo me voy a quedar aquí en la casa con la abuela porque soy una señorita formal y decente, y no me mudo con nadie a menos que me ponga en un anillo en el dedo!
—¡Pues a ti nadie te invitó, para que veas! Pero… ¿esa es una propuesta? —se acercó Asher a ella con toda la actitud.
—¡Joder, qué desesperado! ¡Quita, quitaaaa, no te me subes por la pierna! ¡Abuela... sálvameeeee...!
Y mientras aquel drama en particular se quedaba en su mejor apogeo en la casona principal, Sebastián se apresuraba a llegar hasta la cabaña y respiraba con alivio al ver la puerta abierta, no precisamente porque no confiara en Ranger, pero si estaba cerrada y él tocaba era probable que Michelle no le abriera solo para castigarlo.

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