CAPÍTULO 74. Verdades y mentiras
“Tengo a otra persona”.
Era difícil de decir. Tan difícil como arrancarse el corazón y ponerlo a los pies de aquella mujer porque sabía que iba a lastimarla, pero Elijah ya lastimaba a todo el mundo a su alrededor, así que sus labios se despegaron y por una vez tuvo las pelotas para ser sincero sin darle vueltas.
—Tengo a otra persona —susurró y los ojos de Joss se abrieron con sorpresa—. Lo siento, pero desde hace un par de meses tengo a otra persona en mi vida, Joss. No puedo abandonarla.
Y por más frío que pareciera con ella, por más cruel que fuera a veces, Elijah tenia muy claro qué culpa pesaba más en su corazón.
—¿Y a mí sí puedes abandonarme? —replicó Joss con los ojos llenos de lágrimas—. ¿Me traicionaste, Elijah? ¿Tienes… tienes a otra mujer? —exclamó con desesperación.
—No te traicioné, Joss. Nuestro compromiso se había terminado…
—¡Lo terminaste tú! ¡Lo terminaste sabe Dios por qué! ¡Pero no me pediste mi opinión! ¡Yo te seguí amando! ¡Yo seguí esperando para regresar y ahora…! ¡¿Me dices que tienes a otra mujer?! ¡¿Cómo puedes ser tan cruel conmigo!? ¡Estuvimos juntos dos años, Elijah! ¡¿Cómo puedes dejarme cuando más te necesito?!
Él apretó los labios y pasó saliva, porque donde sentía que debía estar y donde quería estar eran lugares muy diferentes.
—Lo siento. Me ocuparé de ti, te lo prometo. No voy a dejar que nada te falte…
—¡Me vas a faltar tú! —replicó ella en un sollozo alterado—. ¡Sabes que no tengo a nadie más! ¡Sabes que si me dejas sola… Dios, si me dejas voy a morir, voy a morir!
—¡Joss, no digas eso…! ¡Eres una mujer muy fuerte!
—¡Soy una inválida! El doctor ya me lo dijo, soy una inválida, por eso no me quieres tú tampoco, ¿verdad?
—No, Joss…
—¡Me diste tu palabra! ¡Prometiste que te casarías conmigo y que seríamos felices! ¡¿Cómo puedes faltar a una promesa tan importante!?
Los ojos de Elijah se cristalizaron, ¿cómo le explicaba que le había dicho solo lo que ella necesitaba oír porque estaba a punto de entrar a jugarse la vida en un quirófano?
—Voy a cuidar de ti —prometió—. Solo que no de esa manera. Lo siento.
Apretó su mano con un gesto de consuelo y salió de allí, con el alma rota por escucharla llorar, pero lágrimas eran lo que le había sobrado en los últimos meses, así que la dejó en manos de los médicos y se fue a casa, a bañarse y cambiarse por primera vez en tres días… y a ocuparse de otro corazón roto que estaba tratando de reconstruir.
Detrás de él Joss se quedó ahogada en un mar de sollozos, hasta que aquella figura con expresión resignada se apoyó en el marco de su puerta.
—Dijo que íbamos a ser felices para siempre —susurró Joss con los ojos cerrados hasta que aquella voz la hizo abrirlos.
—Bueno… yo puedo resolver eso… si me dejas.
Una hora de vuelta a casa, y Elijah iba más lento que de costumbre porque con tantas horas sin dormir, sabía que en cualquier momento podía tener un accidente. Llegó a la mansión casi al anochecer, y fue directamente a su cuarto, a bañarse y a cambiarse antes de irse a otro hospital muy diferente.
Se aseguró de llamar a Sebastian para que fuera a buscarlo, porque era muy probable que se durmiera al volante, y porque necesitaba hablar con alguien de todo aquello. Sin embargo para el momento en que salió de la habitación listo para ir a ver a Lynett, una de las muchachas del servicio se dirigió a él.
—Señor Vanderwood. ¿Quiere que le prepare algo de comer o va a cenar con la señora?
Elijah frunció el ceño mirándola como aturdido y negó.
—¿Cómo que “con la señora”? ¿Lynett está aquí? —preguntó asustado y la muchacha asintió.

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