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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 73

CAPÍTULO 73. Una mujer sin derechos

Ni Ranger, ni su padre, ni su familia, ni siquiera a Sebastian quería Elijah cerca en aquel momento. No quería que nadie le preguntara cómo estaba porque no tenía idea de cómo s sentía o de si podría lidiar con la culpa si Joss se moría.

—Era la mejor teniente del mundo —murmuró el muchacho sentado junto a él en la sala de espera del quirófano, donde varios equipos de cirujanos se relevaban unos a otros para tratar de salvarle la vida.

—Es. Todavía es —gruñó Elijah—. Todavía no se ha muerto.

Se levantó de allí para ir por el sexto café de la noche, solo para darse cuenta de que ya había amanecido. Pasó saliva sacando su teléfono del un bolsillo y encendiéndolo, porque lo había apagado para que nadie lo llamara mientras esperaba el resultado de aquella operación.

Su respiración se cortó cuando vio aquellas llamadas perdidas, que sumaban más de cuarenta ya a lo largo de la noche, y maldijo por lo bajo porque sabía que Lynett estaba también a punto de entrar al quirófano.

Estaba debatiéndose entre llamarla o escribirle un mensaje, cuando entró una nueva llamada suya y Elijah respiró hondo antes de responder.

“¿Elijah?”, escuchó su voz asustada. “¿Elijah, dónde estás? ¿Estás bien?”

—Sí, Lynett, estoy bien. Estoy… tuve una emergencia.

“¿Una emergencia?” La voz de Lynett era un susurro desconfiado, pero sabía que no tenía derecho a preguntar qué podía ser más importante que su operación, así que no lo hizo. Ella no tenía derecho a nada cuando se trataba de él.

—Sí, una emergencia familiar. No voy a poder llegar —declaró Elijah.

“Ah… claro… bueno… Solo quería decirte que me van a operar en una hora…”

—Entiendo. Lamento no poder estar ahí, pero estoy seguro de que todo saldrá bien.

Después de todo ella no estaba en riesgo, solo era la operación de un pie. No podía dejar sola a Joss por ir a verla, no cuando Joss se estaba muriendo.

Lynett ni siquiera supo qué responder a eso, así que solo se quedó mirando a la pantalla del teléfono por algunos segundos antes de colgar sin decir otra palabra. Sus ojos se cristalizaron, pero era como si esa opresión en el pecho que Elijah le provocaba fuera algo normal para ella.

Apagó el celular para dejarlo al costado de la cama y trató de mantener la atención en el doctor Kelton cuando este vino por ella. Sin embargo la noticia que estaba listo para darle, Lynett no se la esperaba.

—Lo siento, vamos a tener que posponer la operación —le dijo el médico preocupado—. Tu analítica dio alterada en el factor hormonal, parece ser que estás embarazada.

Lynett se cubrió el rostro con las manos y negó con resignación.

—No, doctor, no. Ya pasé por esto, por eso no me operaron cuando recién pasó todo. ¡Tuve un quiste en un ovario y mi analítica dio que estaba embarazada, pero le aseguro que no es así! —exclamó ella con frustración y el médico solo dudó un minuto antes de girarse hacia uno de sus residentes.

—Pide una interconsulta de ginecología, que traigan un ecógrafo y a un ginecólogo.

Lynett suspiró aliviada porque por fin alguien la escuchaba, pero todo el alivio escapó de su cuerpo en el mismo momento en que escuchó el dictamen del ginecólogo.

—Sí, en efecto, está embarazada —sentenció el médico y Lynett se inclinó hacia la pantalla con los ojos azorados.

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