LA TRAMPA PERFECTA. CAPÍTULO 72. El consejo de un padre
No se despertó gritando esta vez, pero el corazón le latía tan rápido que Sebastián creyó que de verdad se había puesto de pechito para un infarto.
Aquellas palabras seguían resonando en su cabeza, en especial las de ese asaltante cuando le decía a su compañero que tenían dejar viuda a alguien, y ahora era más que evidente que ese alguien no se trataba de Michelle.
La cuestión era por qué. ¿Por qué alguien querría dejar viuda a Ivanna incluso antes de la boda?
Sebastián no tenía ni la menor idea, pero la verdad era que aquel comportamiento errático y extraño de su prometida comenzaba a alarmarlo.
—¿Ya lo asumiste o todavía necesitas más evidencias? —Oyó una voz desde la esquina de la habitación y Sebastián se incorporó para ver a su padre sentado en aquella butaca en medio de la penumbra, al mejor estilo cinematográfico.
—¡Maldición no hagas eso! ¡Casi me matas el susto! —gruñó exasperado—. Y claro que no tenemos ninguna evidencia, ¿de qué estás hablando papá?
—Estoy hablando de que esa mujer, tu prometida, tuvo algo que ver con tu intento de asesinato, por más que trates de negarlo.
—Papá…
—Cuanto más tardes en asumirlo, en más riesgo pones a tus hijos y a Michelle. ¿Todavía no puedes darte cuenta de eso?
Sebastián salió de la cama mesándose los cabellos mientras intentaba respirar hondo y sobrellevar aquella situación.
—Estoy tratando de entender cómo y por qué —murmuró llevándose una mano a la cabeza y rascándose la nuca con un gesto de impaciencia—. Ivanna tiene dinero, no necesita absolutamente nada de mí, al menos en el aspecto material, la investigué lo suficiente como para asegurarme de eso.
—Bien, pero el aspecto material no es el único que existe —sentenció su padre.
—¿Y qué otro aspecto sería lo suficientemente importante como para que mencionaran que había que dejarla viuda? Además, ¿viuda antes de la boda? ¡Ni siquiera nos habíamos casado! ¡¿Como para qué le serviría ser mi viuda incluso antes de casarnos?! Yo no entiendo...
—Quizás yo te pueda ayudar con eso, si por una vez en tu vida te dejas aconsejar por tu padre —declaró Rufus con seguridad y Sebastián miró con preocupación a aquel hombre al que siempre había amado con todo su corazón por mucho que le protestara.
—Honestamente tengo miedo de hacer eso, porque en los últimos tiempos ya no sé ni quién está más loco, si Michelle o tú —murmuró con un largo suspiro y su padre se encogió de hombros.
—Pues ahí lo tienes, ese es el patrón de tu cariño: amas a gente que está absolutamente loca.
—Oye, oye, yo no... —intentó replicar pero su padre le puso los ojos en blanco.

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