LA TRAMPA PERFECTA. CAPÍTULO 71. Un sueño hecho pesadilla
Y la verdad era que no tenía una respuesta para eso, porque en aquel instante lo único que llegó a la cabeza de Sebastián fue aquella feroz réplica de Michelle el día que le había firmado el divorcio:
“¡No tenía idea de quién eras cuando te conocí! ¡Mucho menos de que tenías dinero! Y si quieres que te sea honesta, usted puede ser muy magnate, muy CEO y muy Vanderwood, ¡pero el peón sin memoria y sin un centavo me caía mejor que tú!”
—¡Maldición, ¿esta condenada alguna vez en su vida dejará de tener la razón?! —gruñó como si hablara consigo mismo, porque si él también se ponía honesto, entonces tenía que reconocer que le había gustado más ser ese peón en la hacienda de Constance Dalton por algunas semanas, que ser el CEO de la transnacional Vanderwood en Nueva York por años.
Había vuelto a su elemento. Había vuelto al campo, a los caballos, a la risa, a la despreocupación, y sobre todo había vuelto al calor de una familia. Y Sebastián ni siquiera podía entender cuánto había extrañado todo eso hasta que lo había tenido de vuelta... ¡y lo había perdido otra vez!
—¡¿Qué estás haciendo!? ¡¿Qué dices, Sebastián, estás hablando solo!? —lo interrogó Ivanna con el corazón en la boca.
—Medio sí y medio no —replicó él porque a esa hora no tenía ningunas ganas de estar explicándole absolutamente nada—. Pero el resultado es simple, Ivanna, y las cosas ya no se pueden cambiar. Michelle está embarazada, está esperando un hijo mío si no dos, así que creo que va siendo hora de que nos replanteemos esto el compromiso, y especialmente todo lo de la boda.
—¿¡Quéééé?! ¡¡¡No!!! —Ivanna retrocedió porque ese era precisamente uno de sus mayores miedos en aquel momento—. ¡No no no no no no no no! ¡No puede ser! ¡No puedes hacerme esto, Sebastián! ¡Después del tiempo que hemos pasado juntos, no tienes derecho a dejarme!
—¡¿Pero qué demonios esperas que pase, Ivanna? —espetó él abriendo los brazos en un obvio gesto de interrogación—. ¡Embaracé a otra mujer, por amor de Dios! ¡Nuestra vida jamás va a ser igual a lo que queríamos o a lo que pensábamos! ¡Nueva York está demasiado lejos de aquí como para que yo retome el trabajo, así que simplemente voy a regresar a la finca de mi padre…!
—¡Y eso está bien, está bien, es perfecto...! —exclamó ella y Sebastián no pudo evitar aquel repunte de sospechas—. ¡Solo tenemos que regresar todos a Texas! ¡Nos casaremos, volveremos a Texas todos juntos y...!

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