LA TRAMPA PERFECTA. CAPÍTULO 70. Una mujer desesperada
Había muchas emociones involucradas allí, más de las que cualquiera podía imaginar; comenzando por la frustración evidente de Sebastián porque se estuviera haciendo un escándalo en una casa que no era la suya; la impotencia feroz de Ivanna porque Asher hubiera decidido quedarse en aquella casa con la mujer que estaba emplazándola en ese mismo instante; o aquel regodeo emocionado en la expresión del gemelo porque a la pelirroja llena de curvas se le había salido lo posesiva en un solo instante.
Sin embargo había algo en especial, algo de lo que Eva no era la única que se había dado cuenta. Desde un extremo del patio junto a su camioneta el resto de los chicos Vanderwood achicaban los ojos como si de repente les hubiera caído una ducha de agua fría encima, y Sebastián dio dos pasos hacia su prometida con expresión suspicaz.
—Respóndele —sentenció mientras Ivanna daba un respingo asustado solo por el sonido de su voz—. ¿Exactamente por qué te molesta que mi hermano se quede aquí?
—¡Bueno porque…! ¡Acabo de decirlo ¿no?! ¡Es una falta de respeto! ¡Es una completa falta de respeto hacia mi persona porque yo soy tu prometida! —replicó Ivanna mirando a todos lados como si la respuesta estuviera en cualquier lugar menos en los ojos de Sebastián—. ¡Ninguno de ustedes debería quedarse aquí, ¿entiendes?! ¡No es correcto ni...!
—Sobre mí puedes hablar lo que quieras, y conmigo vas a resolver cualquier problema que tengas —gruñó Sebastián con determinación, interrumpiéndola—. Pero lo que hagan o no mis hermanos no es asunto tuyo. Si Asher quiere quedarse aquí entonces se va a quedar, y créeme, que si le pidió a la abuela pasar un tiempo en esta casa no es precisamente por Michelle.
La insinuación era más que clara, y no hacía falta ninguna indirecta cuando el motivo especialmente directo estaba frente a ella, mirándola con descaro, y lista para pelearse sin ninguna vergüenza. Y por desgracia si había algo que Ivanna no podía hacer en aquel momento, era permitir que todo aquello que estaba sintiendo se le saliera y la descubrieran delante de los demás.
—¡Maldición, ya me tienen harta! —gruñó con desesperación mientras se daba la vuelta y se largaba de allí, porque no podía hacer otra cosa.
Se subió a su auto y salió de aquella hacienda seguida por las camionetas donde iban los Vanderwood.
Nadie se atrevió a decirle a Sebastián ni una sola palabra, pero era evidente que él ya iba maquinando demasiadas cosas, y Rufus esperaba de corazón que por fin hiciera gala de esa inteligencia que lo había llevado a expandir la empresa familiar más que nadie en los últimos años.
Para el momento en que llegaron a aquel hotel, sin embargo, no encontró ya a la Ivanna furiosa y ofuscada que había en la hacienda, sino que apenas se bajó en el estacionamiento cuando aquella mujer llorosa y de expresión aparentemente desesperada se abrazó a él con fuerza.

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