CAPÍTULO 71. Una llamada inesperada
Era extraño que los días pasaran así, como si fueran un carrusel de emociones o un torbellino de esos en los que ni siquiera podías abrir los ojos, solo esperar que todo pasara, que todo terminara.
Para Lynett ese final había estado en su operación, pero aunque cada semana el doctor encontraba mejoría, cada semana seguía diciéndole que aun no estaba lista.
Para Elijah ese final… bueno, la verdad era que no sabía si estaba listo para uno. Quería que operaran a Lynett, que lo hicieran cuanto antes porque sabía cuánto dolor estaba soportando y cuánto le costaría la recuperación; sin embargo no estaba seguro de querer cumplir la palabra que le había dado, esa donde le había asegurado que la dejaría ir después.
La vida se había volcado en una extraña rutina donde él trataba de hacerla sentir mejor y ella realmente trataba de sentirse mejor. Quedarse o no en su habitación era como un acuerdo implícito. A veces ella solo llegaba, otras él la llevaba en volandas con cualquier pretexto estúpido, hasta que finalmente casi todas sus cosas andaban desordenadas por la habitación de Elijah.
Lynett ni siquiera quería pensar en cómo se sentía con aquello, solo en que él estaba ahí cuando lo necesitaba y que seguía siendo feroz, porque no saba tregua con la fisioterapia.
Basset todavía no había aparecido por más que la policía lo buscara, así que Elijah la dejaba sola en muy pocos momentos y usaba cada ocasión posible para trabajar en ese pie.
Por fin cuatro semanas después el doctor Kelton le hizo un nuevo examen y sonrió viéndola caminar un poco por sí misma.
—Todavía duele —murmuró Lynett, pero el médico entendía muy bien el gran avance que era poder apoyar el pie y caminar sola aunque cojeara notablemente.
—Está bien, me preocuparía más que no te doliera, pero la fisioterapia definitivamente hizo su efecto, así que felicidades, programaré la operación para mañana en la mañana —le dijo el doctor y fue quizás el único momento en que Elijah pudo ver un rayo de esperanza en sus ojos.
—¿En serio? ¡¿Ya mañana?! —susurró Lynett con los ojos cristalizados y el médico asintió.
—Sí, podemos hacer tu ingreso ahora mismo, y así nos da tiempo de hacer la analítica preoperatoria —le sonrió el doctor Kelton y Lynett no supo por qué, pero su primera reacción fue girarse hacia los brazos de Elijah, que la esperaban abiertos y protectores.
—¡Te dije que en un mes ibas a estar lista! —sonrió él contra su cabello, y no podía negar el hecho de que estaba feliz, feliz y aliviado de que por fin Lynett tuviera la operación que necesitaba.
—Bueno… ¿podemos hacerlo en un par de horas? —preguntó Lynett mirando al doctor—. Tengo que buscar algunas cosas de la casa…
—No, nada de eso. Tú quédate tranquila que yo te traigo lo que sea que necesites de casa —le dijo Elijah con seguridad.
Sin embargo lo que estaba dispuesto a hacer por ello y lo que el destino terminaría decretando eran dos cosas muy diferentes, porque apenas se había sentado detrás del volante de su camioneta, cuando aquel nombre en la pantalla de su celular llamó su atención.
No solía recibir muchas llamadas de Ranger, así que estaba seguro de que si se comunicaba con él era por algo muy serio.
—¿Ranger? —contestó al teléfono y del otro lado le respondió una voz urgente.

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