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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 65

CAPÍTULO 65. Un cobarde

Le dolía la cabeza, le dolía tanto que el mundo parecía un lugar borroso y oscuro, hasta que de pronto se dio cuenta de que realmente estaba en un lugar oscuro y húmedo, lleno de tuberías y donde de cuando el cuando se escuchaba el silbido de algún chorro de vapor.

Lynett trató de concentrarse y su mente volvió a un poco antes, no sabía si horas o minutos, cuando había bajado al sótano de los archivos. Su código le había dado acceso inmediato y no planeaba estar ahí mucho tiempo, solo lo justo como para tomar varias carpetas de los últimos tres años y poder comprobar las transacciones que se habían hecho.

Por suerte estaban en un estante bajo, y Lynett solo tuvo que inclinarse un poco hacia adelante para buscar lo que necesitaba, sin embargo supo que la suerte se le había acabado en el mismo momento en que había girado su silla y la figura de aquel hombre al final del corredor la había sobresaltado.

—¡Oh, Dios! —exclamó respirando pesadamente—. ¿Tú qué diablos haces aquí, Basset? —siseó porque el abogado tenía expresión decidida, pero desde hacía un tiempo que el único hombre al que Lynett Evans le tenía miedo se llamaba Elijah Vanderwood.

Vio a Enmanuel Basset caminar hacia ella con un gesto hosco reflejado en la cara y observar con rabia los archivos en sus manos.

—¿Qué diablos te crees que estás haciendo? —gruñó.

—¿Yo? ¡Nada! —siseó Lynett—. O mejor dicho, estoy haciendo exactamente lo que se espera, estoy revisando estos archivos para comprobar que la que ha estado robándole todo el tiempo a esta empresa es Angélica Giraldez —sentenció con voz firme—. Y por cierto, no te creas con el maldito derecho de tutearme, soy la señora Evans para ti, al menos por el corto periodo de tiempo que trabajes en esta empresa.

Movió su silla para pasar a su lado pero Basset le cortó la salida con un ademán frustrado.

—¡No entiendo por qué tienes que meterte en esto! —le espetó—. ¿¡No te basta con desobedecer a tu madre!? ¡La hiciste perder la presidencia por tus estupideces y…!

—¡No, no, no! ¡No te confundas, idiota! —lo interrumpió la muchacha mientras sentía que la sangre le hervía en las venas—. Mi madre no perdió nada por un simple motivo: mi madre es una inútil que no tenía ni idea de cómo manejar una empresa, mucho menos una compañía millonaria como esta. El único que perdió aquí con mi decisión de entregarle la presidencia a Elijah, fuiste tú ¿no es cierto?

Por un segundo vio el reconocimiento de aquella impotencia en los ojos del hombre y sus labios se curvaron en una sonrisa sarcástica.

—¡Eso es lo que quisiste todo el tiempo! ¡Poder, dinero! ¡Mi madre te tiene sin cuidado! —Lynett achicó los ojos mirándolo fijamente y luego negó—. Mi madre te saca los suficientes años como para tener que pagar por ti, no creas que soy estúpida. Ella no te importa para nada, pero si tenías a una ignorante como ella en tus manos, tarde o temprano la convencerías para dejarte dirigir, ¿no es así?

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