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Llorarás sobre mi tumba: La muerte fue mi única salida romance Capítulo 248

La voz de Susana seguía resonando en el baño: «Óscar es un degenerado. Quería a todas las mujeres de la familia Belmont. Como no podía tenerme a mí, se conformó contigo. Yo solo le indiqué dónde estaba tu habitación, y él, como un perro en celo, fue directo, ¡ja, ja, ja!».

La misma arrogancia con la que se había reído antes, ahora se convertía en su humillación.

Susana jamás permitiría que Aurelio se enterara. La mataría.

Se abalanzó sobre ella, intentando arrebatarle el móvil, pero Inés la esquivó y, de repente, apareció algo en su mano, que apuntó directamente a la cara de Susana.

Susana se detuvo en seco. Inés había quitado el mango de su peine, revelando una púa afilada en su interior.

Ahora, estaba a solo unos centímetros de su ojo. Con un ligero empujón, Inés podría dejarla ciega.

—Dime, si te quedaras sin un ojo, ¿crees que el profesor García te aceptaría? —dijo Inés en voz baja.

A Susana se le heló la sangre, pero no se dio por vencida.

—Si me haces daño, Aurelio no te perdonará.

Inés, como si hubiera oído un chiste, soltó una carcajada.

—De todos modos, nunca me ha perdonado. —Se encogió de hombros con indiferencia—. Total, ya estoy a punto de morir.

Su tono era tranquilo, como si nada le importara, una locura serena que le erizó la piel a Susana.

Susana no se atrevía a acercarse. Creía que Inés era capaz de dejarla ciega de verdad. Pero su mirada se posó en el móvil de Inés, inalcanzable. La desesperación hizo que se le enrojecieran los ojos.

—Dile al profesor García que ya no quieres hacer la maestría —dijo Inés con frialdad.

—¡Por qué! —se negó Susana—. ¡Me costó mucho conseguir la oportunidad de volver al país, no voy a renunciar!

Rosario había intentado casarla con Óscar, por lo que se había refugiado en el extranjero, estudiando.

Pero ahora que Óscar estaba fuera de juego, por fin podía volver sin preocupaciones. ¿Por qué iba a irse?

Inés soltó una risa fría.

—¿No quieres decirlo? Bien, haré que Aurelio lo diga por ti.

Mientras hablaba, agitó el móvil en su mano.

La amenaza era más que evidente.

El rostro de Susana palideció. Se mantuvo firme, pero era pura fachada.

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