Entrar Via

Llorarás sobre mi tumba: La muerte fue mi única salida romance Capítulo 524

El chico no respondió. De pronto, una mano grande se extendió y le dio un golpe certero al costado de la máquina.

¡Clac!

La bolsa de cacahuates cayó al fondo.

Inés se llenó de alegría, levantó la mirada con una enorme sonrisa y dijo: —¡Muchas gracias...! ¡Ah, Aurelio! ¡Eres tú!

Aurelio apretó los labios, asintió levemente y soltó un "hmm". Luego se agachó, recogió la bolsa de cacahuates y se la entregó.

Inés extendió la mano para tomarla, y la yema de sus dedos rozó accidentalmente el dorso de la mano de él.

Un silencio espeso se formó entre los dos; por un instante, el aire pareció volverse pesado.

Inés tomó aire y se atrevió a preguntar: —Aurelio, ¿te puedo hacer una pregunta?

—Sí —respondió él, escatimando palabras.

—Sé sincero... ¿te parezco fastidiosa? —Inés lo miraba con sus ojos grandes y redondos, anhelando una respuesta.

Aurelio se quedó paralizado y no respondió de inmediato.

Inés, impaciente, dio un paso hacia él.

Aurelio bajó la mirada, le lanzó un vistazo fugaz y volvió a esquivar sus ojos. —...No.

Inés parpadeó confundida. —Pero es que siempre actúas como si te molestara mi presencia. Parece que nunca tienes ganas de hablar conmigo. Cada vez que te pregunto algo, solo respondes 'hmm' o a veces ni eso.

Sin darse cuenta, Inés se acercó aún más. Aurelio sintió que le faltaba el aire y retrocedió medio paso. —No es que no quiera hablar contigo.

—¿Entonces qué es? —Inés lo acorralaba, decidida a sacarle las palabras a la fuerza, como quien exprime el último rastro de pasta dental.

—Es que... no soy muy bueno interactuando con personas que no conozco bien —explicó Aurelio, levantando por fin la mirada para encontrarse con la de ella.

Pero la radiante sonrisa de Inés lo dejó sin palabras.

—¿Ah, sí? —dijo ella, con una dulzura evidente—. Pero ya nos hemos cruzado de casualidad un montón de veces. ¡Ya van diez veces! No somos unos completos extraños, ¿verdad? Al menos se podría decir que ya somos conocidos.

Las pestañas de Aurelio temblaron. Apretó los labios un segundo y finalmente asintió. —Sí.

Inés lo miró con una sonrisa radiante.

Las puntas de las orejas de Aurelio se tiñeron de un rojo adorable. —Esta máquina no sirve bien, siempre se le atoran las cosas.

—Oh —asintió Inés—. Entonces, si me vuelve a pasar la próxima vez, ¿puedo pedirte ayuda?

Aurelio asintió de nuevo. —Sí, puedes.

Por fin había usado más de una palabra.

Inés pensó que definitivamente eso era un avance enorme.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Llorarás sobre mi tumba: La muerte fue mi única salida