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Llorarás sobre mi tumba: La muerte fue mi única salida romance Capítulo 525

Pasaron dos meses en un abrir y cerrar de ojos.

Cuando sus compañeras de cuarto le preguntaban por Aurelio, hasta Inés comenzaba a dudar de la situación. —A veces siento que le gusto, pero otras veces parece que no.

Lo único seguro era que no la rechazaba de forma directa, pero tampoco confirmaba nada.

—Qué mala onda, entonces te está dando largas —concluyó su amiga—. Inés, por favor, no vayas a perder la cabeza por amor.

Inés se rascó la barbilla, pensativa. —Tienes razón. Le daré una semana más. Si para entonces sigue con esa actitud tan fría, me doy por vencida.

Le dolía la idea, pero estar ciegamente enamorada era lo peor que le podía pasar a cualquiera.

Esa noche, Inés se quedó haciendo su proyecto en el estudio. Al salir, descubrió que estaba lloviendo.

La lluvia era bastante fuerte e Inés no traía paraguas. Parecía que no podría regresar al dormitorio por un buen rato.

Abrió la cámara de su celular, tomó una foto de la lluvia y la subió a sus redes sociales con el texto: [La lluvia es muy fuerte, yo soy muy pequeña, no tengo paraguas. Lloro desconsoladamente].

Tras pensarlo un segundo, ajustó la configuración: "Solo visible para Aurelio".

Pasaron diez minutos, y la sección de comentarios seguía vacía.

Inés guardó su celular, decepcionada. ¿Estaría de turno en el hospital? ¿Acaso no vio la publicación?

O tal vez ni siquiera revisaba sus redes sociales.

Tenía sentido; un estudiante como él, con clases, prácticas y escribiendo ensayos médicos, no tenía tiempo para esas cosas.

Inés logró consolarse a sí misma de nuevo.

Justo en ese momento, una figura alta se acercó a paso rápido.

Un paraguas se abrió sobre su cabeza, protegiéndola de la lluvia.

Inés se quedó atónita, y al segundo siguiente, una enorme sonrisa iluminó su rostro. —¿Aurelio? ¿Viniste a traerme un paraguas?

Aurelio apartó la mirada de inmediato, claramente incómodo. —Fue coincidencia.

Inés lo observaba con sus grandes ojos curiosos. Él apretó los labios y sintió la necesidad de agregar: —Solo pasaba por aquí.

Pero el edificio de la Facultad de Medicina y los dormitorios de los chicos estaban en la zona norte del campus.

Y ella estaba en la zona sur.

¿De verdad había dado un rodeo monumental solo porque "pasaba por ahí"?

Inés esbozó una pequeña sonrisa, pero decidió no desenmascararlo.

Tal vez era un poco terco y orgulloso, pero sus acciones hablaban por sí solas.

—Pues muchas gracias. Vámonos juntos —sugirió Inés, mirándolo—. No tienes prisa por volver, ¿verdad? Después de todo, acabas de decir que estabas de paso.

Bajo la oscuridad de la noche, el rostro de Aurelio se tiñó de rojo, aunque casi no se notaba. Dejó escapar un tenue "hmm".

Ambos caminaron bajo la lluvia. Inés no paró de parlotear alegremente, contándole todo lo que había hecho en el día.

Aurelio respondía de vez en cuando con un par de palabras. No participaba mucho en la conversación, pero la escuchaba con absoluta atención.

Antes, a Inés el trayecto desde el estudio hasta su dormitorio siempre le parecía larguísimo. Pero esa noche, sintió que habían llegado antes de que ella pudiera terminar de contar su anécdota.

—¡Muchas gracias, Aurelio, por haber venido a traerme el paraguas! —le dijo Inés, despidiéndose con la mano, sin borrar la sonrisa de su rostro.

Aurelio asintió con rigidez. —De nada. Ya te dije que fue pura coincidencia.

La sonrisa de Inés se ensanchó aún más. —Entonces, ¡ojalá la próxima vez también nos encontremos por coincidencia! ¡Adiós!

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