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Aurelio estaba revisando los datos de un experimento cuando un compañero se le acercó. —Oye, esta noche hay una fiesta de integración, ¿vas?
Él ni siquiera levantó la mirada. —No.
A su compañero no le sorprendió la respuesta. Aurelio nunca asistía a ese tipo de eventos.
De hecho, mejor para ellos. Si Aurelio iba, todas las chicas se la pasarían rodeándolo y a ellos no les harían el menor caso.
Otro compañero añadió: —Bueno, entonces vámonos de una vez. Escuché que hoy estarán varias facultades juntas, incluyendo la de Diseño. Dicen que van a ir muchísimas chicas.
—¿En serio? ¡Vamos, vamos, vamos!
—¡Un momento! —la voz helada de Aurelio los detuvo en seco.
Los chicos se quedaron congelados, dándose la vuelta para mirarlo con total incredulidad.
—Ejem... —Aurelio se aclaró la garganta, intentando disimular su incomodidad—. ¿Acaban de decir que la Facultad de Diseño va a estar ahí?
—Eh, sí, así es.
—Entonces esperen a que me cambie de ropa, voy con ustedes.
Todos se miraron entre sí, desconcertados. —¿?
¿Acaso el mundo se iba a acabar? ¿Aurelio Belmont... asistiendo a una fiesta de integración?
Inés no tenía ninguna intención de ir. Había sido arrastrada a la fuerza por sus compañeras de cuarto, quienes le insistieron en que le serviría para despejarse.
Llevaba un rato sentada ahí y ya estaba aburrida a más no poder. Un par de chicos se acercaron para platicar con ella, pero su mente estaba enfocada en la pantalla de su celular y respondía de manera evasiva.
Antes de llegar a la fiesta, le había enviado un mensaje a Aurelio para invitarlo a cenar unos tacos, pero él no le había contestado.
Mirando la pantalla vacía de su chat, Inés se sintió increíblemente desilusionada. Justo en ese momento, se escuchó un gran alboroto en la entrada.
Inés volteó a mirar por instinto y se quedó boquiabierta.
¡Era Aurelio!
¿Qué demonios hacía él ahí?
Aurelio también la localizó de inmediato. Y al ver a los chicos que revoloteaban a su alrededor, frunció el ceño y su rostro se tornó tan oscuro como una tormenta.
Sus compañeros lo jalaron para que se sentara al otro lado de la sala.
Estaban separados por varias personas, haciendo imposible cualquier conversación.
Inés agitó su celular en el aire y le mandó un mensaje: [¿Por qué viniste?].
Aurelio apretó los labios y tecleó: [¿Acaso interrumpo algo con mi llegada?].
Inés se quedó pasmada. ¿Interrumpir qué? ¿Su intento de socializar en la fiesta?
De pronto, Inés soltó una carcajada.
Verla reír solo empeoró el humor de Aurelio.
Porque notó cómo las miradas de los chicos que estaban junto a Inés cambiaron de inmediato.

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