Inés acompañó a la abuela al salón de flores, dejó su bolso en el sofá y la abuela la llevó a ver las flores.
—Todas estas las he cultivado con mucho esmero. Luego le diré a Aurelio que te lleve algunas macetas a casa —dijo la abuela Belmont con aire de misterio, lo que hizo reír a Inés.
Las palabras de la abuela disiparon la tristeza que la había acompañado en los últimos días.
Al ver que Inés sonreía, la abuela Belmont le acarició la mejilla con ternura. —Vamos, mi niña, demos un paseo por el jardín.
Inés no quiso aguarle la fiesta a la anciana y, tomándola del brazo, salieron a pasear por el jardín.
—Esa suegra tuya es una cabeza hueca. No le hagas caso, con que mantengas las apariencias es suficiente. Si tienes algún problema, ven a buscar a la abuela. A estos viejos huesos todavía les quedan algunos años de guerra que dar.
Las palabras repentinas de la abuela le reconfortaron el corazón.
Al pensar en lo cercanas que eran Bianca y Rosario, Inés sintió que, aunque le importara, no serviría de nada.
Inés no quería poner a la abuela en una situación difícil. —No te preocupes, estoy bien.
La anciana le dio una palmadita cariñosa en la mano. —Eres la mejor. Ven, mi corazón, vamos a ver las flores de allá.
Dieron una vuelta por el jardín. La abuela se cansó un poco y quiso ir a descansar a su habitación. Le dijo a Inés que se relajara un rato por allí y que saliera a comer cuando fuera la hora.
Inés no quería encontrarse con Rosario y Bianca, así que prefirió quedarse paseando por el jardín.
Tampoco caminó mucho, también se sentía un poco cansada y decidió volver al salón de flores a descansar.
Antes de llegar a la puerta, a través del ventanal, vio a un niño, casi un adolescente, vertiendo algo en un objeto.
Se acercó y, al mirar más de cerca, sus pupilas se contrajeron de golpe. ¡Era la botella de rapé que iba a regalarle a la señora Fonte!
Inés entró corriendo y se la arrebató. El niño se asustó, se tambaleó y chocó contra algo.
—¡Ay! —exclamó Bianca en voz baja.
El niño entró en pánico. Bianca no estaba tan cerca de él antes, ¿cómo pudo chocar con ella?
Su tía Rosario le había advertido que no molestara a Bianca.

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