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Llorarás sobre mi tumba: La muerte fue mi única salida romance Capítulo 142

Al ver la expresión aturdida de Inés, la secretaria supo que había acertado.

—Sí, y la cuida muchísimo. Hace un rato me pidió específicamente que no preparara té ni café, porque está embarazada.

Aunque había sido Eduardo quien se lo había pedido, y no Aurelio personalmente, Eduardo era la voz de Aurelio.

Así que era como si lo hubiera pedido él mismo.

Tras decir esto, la secretaria vio una sonrisa fría en los labios de Inés, como si estuviera completamente decepcionada de Aurelio, y se fue satisfecha.

Inés se recostó lentamente en el sofá. Debería habérselo imaginado. Si no, ¿por qué Aurelio le daría acciones a Bianca?

Pero una cosa era saberlo y otra muy distinta escucharlo.

Cuando ella se sentía mal, Aurelio nunca se daba cuenta.

Una vez tuvo fiebre, tan alta que estaba somnolienta y no podía despertarse del todo.

En aquel entonces, los empleados de la casa no le daban ninguna importancia.

Tampoco se dieron cuenta de que estaba enferma.

Aurelio volvió a casa de un viaje de negocios a medianoche y se metió en la cama con ella. No fue hasta que estaban a mitad del acto que se dio cuenta de que su temperatura corporal no era normal.

¡Qué poco le importaba!

Pero con Bianca, hasta se preocupaba personalmente por lo que debía beber.

Amar y no amar, qué diferencia tan grande.

Inés cerró los ojos un instante y, al abrirlos, la amargura de su mirada había desaparecido por completo, dejando solo una fría indiferencia.

No tocó la comida que había sobre la mesa.

Daniel estaba en un limbo entre la vida y la muerte.

Aurelio se paseaba con su amante por todas partes.

Realmente, no tenía nada de apetito.

Pasó dos horas sentada así, hasta que su móvil sonó. Lo cogió y vio que era un número desconocido.

Normalmente no contestaba a números desconocidos, pero en ese momento, temiendo que fuera algo sobre Daniel, respondió de inmediato.

Una voz ronca pero familiar se escuchó.

—Inés, soy yo.

Inés se incorporó de golpe, con los ojos enrojecidos al instante.

—Daniel, ¿estás bien?

Daniel soltó una risa leve, pero se notaba que estaba débil, como si lo hubieran maltratado bastante.

—Estoy bien. Los hombres de Aurelio me trajeron al hospital.

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