Las estrellas brillaban débilmente en el exterior, reflejando la desolación del otoño.
Su teléfono se iluminó. Inés pensó que era un mensaje de Erisa y lo tomó rápidamente.
Pero era un mensaje de un número desconocido.
Lo abrió y vio que era un informe de paternidad.
Bianca se había hecho una amniocentesis. El resultado de la prueba de ADN confirmaba que Aurelio era el padre.
Inés miró el resultado, atónita. Sus dedos estaban tan rígidos que no podía moverlos.
Sintió una opresión en el pecho, pero su mente se mantuvo relativamente clara. Reenvió el informe a Simón.
«Dr. Monterrey, ¿podría ayudarme a verificar si esto es real? Gracias.»
Él no preguntó por qué y respondió al instante: «Lo investigaré lo antes posible.»
Los dedos de Inés se crisparon por la tensión, y el dolor la ayudó a recobrar un poco la lucidez.
Si el informe era real, el hijo era de Aurelio y ya se habían casado.
¿Qué diferencia había entonces entre ellos y un matrimonio de verdad?
Pero Aurelio la mantenía encerrada en Mirador Florencio. ¿Qué significaba todo esto?
A Inés le dolía profundamente el corazón, se sentía humillada.
Se mordió el labio con fuerza para calmarse.
Primero le envió un mensaje a Erisa para preguntarle por su madre.
Ella le contestó que la operación había sido un éxito y que ya la habían trasladado a una habitación normal para recuperarse.
Una vez que se aseguró de que la madre de Erisa estaba bien, Inés llamó a Andrés.
Él contestó rápidamente, con un tono alegre. —Cuñada, no te preocupes. Aurelio ya me dio instrucciones, me acaba de llamar y ya le di los resultados. La paciente está bien, se recuperará pronto.—
Al obtener la confirmación de Andrés, Inés suspiró aliviada. —¿Necesitará más operaciones?—
—No.— Respondió Andrés con firmeza. —Solo necesita descansar.—
Inés apretó los labios, dudó un momento y volvió a preguntar: —Andrés, ¿puedo pedirte un favor?—

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