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Llorarás sobre mi tumba: La muerte fue mi única salida romance Capítulo 120

El rostro de Inés palideció de repente. Su voz tembló, entrecortada.

—¿La han llevado al hospital? Voy para allá ahora mismo.

Erisa, a pesar de todo, se mantenía relativamente calmada.

—Ya estoy en la ambulancia, de camino al hospital.

Mencionó el nombre del hospital.

Era una de las propiedades de la familia Belmont.

Inés colgó, empujó la puerta para salir, pero Aurelio la detuvo, agarrándola de la muñeca.

—Yo te llevo. —Aurelio se pasó al asiento del conductor y arrancó el coche.

Estaban en el centro, en plena hora punta. Sería difícil encontrar un taxi.

Inés no se negó.

Durante todo el trayecto no intercambiaron palabra. Aurelio conducía rápido, pero con seguridad.

Cuando llegaron al hospital, antes de que el coche se detuviera por completo, Inés abrió la puerta y salió corriendo hacia la sala de urgencias.

—¿Cómo está? —Inés buscó a Erisa, que estaba sentada en una silla, con la mirada perdida.

Al oír la voz de Inés, Erisa reaccionó, aturdida.

—No lo sé, todavía la están atendiendo.

Dicho esto, rompió a llorar.

—Tenía la cara llena de sangre. Tengo tanto miedo, Ine, de verdad que tengo mucho miedo. Es todo culpa mía, no la cuidé bien. Ya está jubilada y todavía tiene que preocuparse por mí.

Erisa lloraba desconsoladamente, abrazada a Inés.

Inés también lloraba en silencio, dándole palmaditas en la espalda para consolarla.

—Es una buena persona, le irá bien. No le pasará nada.

La luz de la sala de urgencias se apagó. Inés ayudó a Erisa a levantarse rápidamente.

—La paciente tiene un coágulo de sangre en el cerebro debido al traumatismo. Necesita una craneotomía —explicó el médico—. La cirugía es arriesgada, necesitamos la autorización de un familiar.

Erisa se tambaleó, a punto de desmayarse.

—De acuerdo, yo firmo. Doctor, por favor, se lo ruego, salve a mi madre.

El médico parecía preocupado.

—Esta operación es complicada. El mejor cirujano que tenemos en el hospital es el doctor Andrés Belmont, pero hoy no está de guardia.

Inés se quedó perpleja por un momento y luego dijo:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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