Cerró los ojos, su mano se posó instintivamente sobre su vientre.
«El bebé merece una despedida adecuada, que sus padres se despidan de él como es debido».
Inés abrió los ojos lentamente, sacó su teléfono y desbloqueó a Aurelio.
...
En Santa Marina.
—Reserva un vuelo para esta noche a Ciudad de Corte —ordenó Aurelio a Eduardo mientras firmaba unos documentos.
—Ya está reservado. —Eduardo sabía que mañana era el cumpleaños de Inés y que Aurelio había dicho hacía tiempo que quería volver para celebrarlo con ella.
Después de verlos distanciados durante tanto tiempo, Eduardo se alegraba de que por fin hubiera señales de reconciliación.
Aurelio asintió.
—Aplaza todo el trabajo para la semana que viene.
Quería pasar tiempo con Inés y que descansaran juntos.
Este último mes había estado en una lucha de poder con su tío, pero finalmente había logrado neutralizar su influencia.
Por fin podía darle a Inés una explicación sobre el incidente en el que casi la agreden.
El teléfono sonó. Aurelio le echó un vistazo casual y se detuvo en seco.
Era Inés.
Lo había tenido bloqueado durante mucho tiempo.
Este último mes, cada vez que volvía a Ciudad de Corte, ya fuera por un día o unas pocas horas, pasaba tiempo en casa de Inés.
Pero ella siempre se había mostrado fría y distante con él, y ni siquiera lo había vuelto a agregar a sus contactos.
¿Lo había sacado de su lista de bloqueados?
Una sonrisa se dibujó en los labios de Aurelio mientras contestaba la llamada con impaciencia.
—Inés.
Hubo una pausa antes de que ella respondiera con un suave «sí», seguido de varios minutos de silencio.
Aurelio se levantó lentamente y se acercó al ventanal, mirando en dirección a Ciudad de Corte, como si pudiera ver a Inés desde allí.
—Aurelio, ¿puedes volver mañana? —la voz de Inés sonaba apagada.
Parecía no tener muchas esperanzas en la respuesta.
Como si ya hubiera sufrido tantas decepciones que no se atrevía a esperar nada.
Una aguja se clavó en el corazón de Aurelio.
Respiró hondo.
—Tengo una reunión esta noche.
Al otro lado, Inés soltó una risita, como si no le sorprendiera su respuesta.

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