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Llorarás sobre mi tumba: La muerte fue mi única salida romance Capítulo 111

Un destello de pánico cruzó por los ojos de Aurelio. —Su hijo es muy importante para la familia Belmont.

—Es tu hijo, por supuesto que es importante para la familia Belmont —asintió Inés lentamente—. Entonces quédate con ella y cuídala. Déjame en paz, ¿por favor?

El pecho de Aurelio subía y bajaba con agitación. Se llevó una mano a la sien, tratando de reprimir el torbellino de emociones que lo consumía.

—Inés, ese hijo no es mío. ¿Entendiste? Lo diré una vez más: ¡no es mío! ¡Jamás he tocado a Bianca! ¡Lo juro por mi vida! Si ese hijo es mío, ¡que me caiga la peor de las muertes!

Inés se quedó helada, sus pestañas temblaban violentamente mientras gruesas lágrimas rodaban por sus mejillas.

Aurelio cerró los ojos por un instante y se acercó para secarle las lágrimas.

—Inés, solo un mes, ¿de acuerdo? Para tu cumpleaños, te prometo que te daré una respuesta.

El tono de Aurelio era de clara sumisión, casi de súplica.

Aunque no albergaba esperanzas, al oír esas palabras, el corazón de Inés vaciló.

Levantó lentamente los párpados para mirarlo.

Sus labios se apretaron en una línea recta, sin decir nada.

...

La exposición fue un éxito, e Inés se tomó unos días libres.

Su condición física se había estabilizado un poco y necesitaba descansar para prepararse para la cirugía.

Simón Monterrey la llamó para decirle que el donante ya había firmado el acuerdo y que debía ir en los próximos días para un chequeo y entrar en la lista de espera para la operación.

Todo parecía ir por buen camino.

Al día siguiente de su regreso, el asistente Eduardo le trajo un montón de cosas.

Algunas eran cosas que Inés usaba habitualmente, otras eran nuevas.

Había un ordenador nuevo. Inés sacó la factura y vio que la fecha de compra era de después del día en que Bianca rompió el suyo.

—El señor Belmont ordenó que lo compraran. Intenté entregárselo varias veces, pero no lo aceptó —explicó Eduardo.

Inés recordó que alguien le había enviado cosas en nombre de Aurelio, pero ella las había rechazado.

—Llévatelo todo de vuelta. Esta vez tampoco lo quiero.

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