Bianca fue arrastrada por el suelo, con la cara enrojecida y los ojos empezando a ponerse en blanco.
Estaban en un rincón apartado, nadie las veía.
Al principio, los pies de Bianca pataleaban, pero poco a poco sus movimientos se hicieron más lentos.
Inés la soltó.
Bianca jadeaba en busca de aire, como un pez moribundo. Se llevó la mano al cuello e intentó insultar a Inés.
Al segundo siguiente, sintió una presión en el cuello de nuevo. Inés la había vuelto a someter contra el suelo.
Su rostro era inexpresivo, y su mirada, tan fría como la de un muerto.
Bianca sintió miedo, un miedo real.
De repente comprendió. Inés lo había hecho a propósito: la soltó para darle una falsa esperanza de vida.
Ahora era cuando de verdad iba a matarla.
Inés se acercó a su oído. —¿Fuiste tú la que envió a esos hombres a violarme? Qué lástima, Bianca. ¡Anoche con quien dormí fue con Aurelio!
Los ojos de Bianca se abrieron como platos, mirando a Inés con incredulidad. Pudo ver vagamente las marcas en su cuello.
Era evidente que la noche anterior había sido intensa.
El odio estalló en la mirada de Bianca, pero apenas podía respirar, y mucho menos defenderse.
Un camarero que pasaba por allí se sobresaltó, pidió ayuda a gritos y se acercó para separar a Inés.
Bianca tosía violentamente, su voz era ronca y desagradable. —¡Socorro! ¡Me quiere matar!
Inés la miraba con una frialdad glacial, como si la estuviera despellejando viva con la mirada.
Bianca ni siquiera se atrevía a mirarla a los ojos. Se aferró al brazo del camarero y retrocedió, aterrada.
Era horrible, realmente horrible.
—¿Qué está pasando? —Aurelio llegó corriendo. Bianca, como si hubiera encontrado a su salvador, se abrazó a su pierna.
Lloraba a mares. —Aurelio, Inés se ha vuelto loca. Ella... ella quiere matarme.
Aurelio vio las espantosas marcas de estrangulamiento en el cuello de Bianca y frunció el ceño. La ayudó a levantarse y a sentarse a un lado antes de mirar a Inés.
—Inés, ¿qué ha pasado exactamente?
Esperaba que Inés le diera una explicación. Si lo hacía, él le daría una oportunidad.
Acababa de pasar por una experiencia traumática, y cualquier reacción extrema era comprensible.

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