En el carro, Lionel no dejaba de mirar de reojo a Ivana por el retrovisor.
—Señora, ¿se encuentra bien?
Ivana negó con la cabeza sin abrir los ojos.
—Estoy bien.
«¡Qué peligroso fue lo de hace un momento! Justo cuando había decidido que iba a cuidarme mejor». Si algo le pasara, solo le daría gusto a sus enemigos y haría sufrir a los que la querían. ¡No iba a ser tan tonta! De ahora en adelante, ¡ella era la prioridad!
Ivana sacó una botella de agua del carro para calmarse y aprovechó para tomarse unas pastillas.
No podía apresurar la situación con el bebé, así que tenía que acelerar el otro asunto.
Pero ¿qué hago si Nelson sigue alargando las cosas y no quiere divorciarse? He oído que si una pareja vive separada por dos años, se puede solicitar el divorcio forzoso. ¿Será verdad? Pero incluso si es cierto, ¡dos años es demasiado tiempo! ¿No habrá otra manera?
De repente, sonó su celular. Ivana se echó el cabello alborotado hacia atrás antes de tomarlo. ¡Era Gilda!
—Ivana, ¿quieres salir a divertirte?
Se escuchaba mucho ruido al otro lado de la línea, como si estuvieran en una fiesta.
Ivana estuvo a punto de negarse por instinto, pero un impulso la hizo decir:
—Claro, voy para allá. ¿Dónde estás?
—¡Perfecto! Vente para acá, ¡te mando la dirección!
Al instante, apareció la ventana de chat de Gilda, junto con varias selfies suyas. Además de ella, salían sus amigas. En el fondo se veían serpentinas, globos y lo que parecía ser un letrero de "Feliz Cumple". ¡Seguro estaban celebrando un cumpleaños!
***
Era la primera vez que Ivana iba a un bar de ese tipo. En la entrada, había alguien encargado de guardar los abrigos.
Apenas cruzó la puerta, la música la envolvió y las luces le pintaron el mundo de colores, como si el lugar respirara al mismo ritmo que la noche.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Llegas tarde: el divorcio ya está firmado