Nelson estaba un poco decepcionado, pero no le dio mucha importancia y salió del salón en silencio.
Se dirigió a la sala de estudio y, apenas se sentó, se dio cuenta de que Yadira lo había seguido y lo miraba con una sonrisa.
En sus ojos no había burla ni escepticismo, sino un genuino ánimo.
—Nelson, si de verdad quieres estudiar, ¡tal vez pueda ayudarte a repasar! ¡Yo creo en ti!
Nelson se quedó helado, sintiendo que los ojos se le humedecían de repente.
¡Hacía mucho tiempo que no escuchaba a alguien decirle «creo en ti»!
No era un comentario por compromiso, ni una broma cruel, ¡era un apoyo sincero!
—¿No crees que solo estoy fanfarroneando? —preguntó en voz baja.
Yadira negó con la cabeza.
—¡Para nada!
Nelson se sintió conmovido y, de repente, soltó una carcajada.
—Pero si vas dos años detrás de mí, ¿cómo se supone que vas a darme tutorías?
Yadira no dudó; sacó un grueso cuaderno de apuntes de su mochila y se lo entregó.
—Me llevo muy bien con una chica de tu misma generación. Estos son sus apuntes, aquí viene todo lo más importante.
»Además, al menos por ahora sí puedo ayudarte. Como tu base es inestable y casi no estudiaste el primer año, nos viene perfecto empezar desde cero.
Nelson tomó el cuaderno, sintiendo cómo las comisuras de sus labios se elevaban por sí solas.
—¡Gracias!
Él pensaba que, tras la partida de su hermano, nadie en el mundo volvería a intentar comprenderlo.
¡Hasta que la aparición de Yadira llenó ese vacío en su corazón!
Con su dulzura y tenacidad, ella le había tendido la mano en su momento de mayor desesperación.
Y ahora, en su etapa de mayor confusión, lo apoyaba incondicionalmente.
¡Nelson le estaba verdaderamente agradecido!
En cuanto a lo de estudiar medicina, no lo decía en broma.
Su escritorio se llenó de guías de estudio y comenzó a hacer simulacros de examen.
Por suerte, tenía una buena base de conocimientos, de lo contrario, no habría podido seguir el ritmo.
Las burlas iniciales de los demás se transformaron poco a poco en asombro, hasta llegar a la más pura incredulidad.
El mismísimo buscapleitos de la preparatoria, el chico rudo de la escuela, ¡ahora se sentaba en silencio a devorar libros preparándose para los exámenes de admisión a la universidad!
Y no solo eso: Nelson se borró el tatuaje del brazo, dejando a la vista su piel limpia.
Se cortó aquel llamativo cabello rojo y se lo dejó de un tono natural y ordenado.
Dejó de usar ropa extravagante para vestir simplemente una camisa blanca.
Incluso su forma de hablar se volvió más suave.
Lo más sorprendente fue que, aunque solo tenía una ligera miopía, empezó a usar anteojos.
Esa montura sobre su nariz recta ocultaba la fría distancia que solía haber en su mirada, dándole un aire mucho más intelectual y refinado.
¡Incluso se parecía un poco a Roque Zavala!

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