Gregorio Milla frunció el ceño y, de repente, soltó una carcajada estridente.
—¿Negociar conmigo? Tienes agallas, chiquita. ¿Acaso no sabes quién soy? Si lo que quieres es dinero, puedo darte algo para comprar tu silencio. ¡Hoy estoy de buen humor!
Pero Yadira Dimas negó con la cabeza, implacable.
—No quiero tu dinero. Quiero ser la actriz principal de tu nueva serie. ¡Y quiero firmar el contrato ahora mismo!
Antes de venir, había investigado. Era una súper producción de primer nivel, con la temática más popular del momento. Si lograba el papel protagónico, su carrera saltaría al estrellato de la noche a la mañana. Estaba decidida a aprovechar esa oportunidad.
Esta vez, el que se quedó boquiabierto fue Gregorio. Su sonrisa se congeló y resopló con desdén:
—Vaya que abres bien la boca. ¿Estás loca? ¿Tú? No te des tanta importancia, niñita. Ya, lárgate, o tendré que llamar a seguridad para que te echen a patadas. —Mientras hablaba, se acercó a ella con una sonrisa lasciva—. ¿O acaso te gustó tanto lo de la otra vez que quieres repetir?
Al verlo acercarse, Yadira sintió que se le erizaba la piel de asco, pero se obligó a no retroceder ni un milímetro.
—No te creas tan intocable, Milla. ¡Si te atreves a ponerme una mano encima, subiré a internet la grabación donde te jactas de haberte acostado con una virgen!

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