—¡A ver, repite lo que acabas de decir si tienes pantalones!
El bravucón estaba hecho una bolita en el suelo, apenas logrando levantar los brazos para cubrirse la cara. De su arrogancia de hace un momento no quedaba ni el rastro.
Un par de compañeros intentaron meterse para separarlos, gritándole que se detuviera.
Pero Nelson, con los ojos inyectados de sangre y completamente sordo a sus palabras, se volteó y les soltó un par de puñetazos a los que trataban de detenerlo.
¡Con eso, ya nadie se atrevió a acercarse!
Nelson siguió agarrando al chismoso por la camisa, con todos los músculos tensos, golpeándolo con una furia desquiciada, sin importarle las consecuencias.
Finalmente, le propinó una patada brutal en el pecho. El bravucón salió volando hacia atrás, se estrelló de espaldas contra la pared y quedó completamente inconsciente en el acto.
A pesar de eso, Nelson se le montó a horcajadas y le conectó un par de golpes más.
—¡Para que aprendas a no abrir la boca! ¡Te dije que no te metieras con mi mamá!
Yadira observaba todo desde un lado. Ver a ese chico enfrentarse al mundo entero a los puños solo para defenderla la conmovió profundamente.
No fue hasta que los guardias de seguridad del colegio llegaron corriendo que lograron quitarle a Nelson de encima.
Cuando Nelson se puso de pie, su pecho subía y bajaba agitadamente. Tenía los nudillos manchados de sangre. Miró al idiota tirado en el suelo con una frialdad absoluta.
—Si vuelvo a escuchar que hablas así de ella, te juro que me aseguraré de que no tengas lugar en toda la ciudad Corvila. ¡Ponme a prueba si no me crees!
Dicho esto, se dio la vuelta y caminó hacia Yadira.
—Vámonos. A ver quién se atreve a molestarte de ahora en adelante. ¡Yo te protejo!
Yadira lo siguió de inmediato, con las lágrimas escurriéndole por el rostro sin parar.
Durante años, había soportado las humillaciones por ser una hija ilegítima. Era la primera vez en su vida que alguien se paraba firme para defenderla con tanta ferocidad.
No pudo evitar reír y llorar al mismo tiempo, grabando ese instante en su corazón para siempre.
Un silencio sepulcral cayó sobre el grupo de amigos durante un par de segundos.
Y al instante siguiente, todos estallaron en carcajadas burlonas.
—Nelson, ¡de seguro tienes fiebre! ¿Estás diciendo que quieres estudiar medicina? ¡Si apenas y sabes cómo pasar química!
—¡Sí, no inventes! ¡Todos sabemos que el joven Nelson detesta abrir un libro! Ya deja de hacerte el chistoso y vámonos, ¡que si no llegamos nos van a quitar la mejor cancha!
—Con el dinero de tu familia, solo tienes que heredar tu puesto de joven amo en la empresa y vivir la vida loca. ¿Medicina? ¡Esa carrera es para que los pobres salgan de su miseria! ¿Qué necesidad tienes tú de meterte en eso?
Todos lo miraban con burla y sarcasmo.
Desde el primer día que Nelson pisó esa escuela, nadie lo había visto tocar un maldito libro. ¿Y ahora salía con el cuento de que quería ser médico?
¡Sonaba más ridículo que decir que el sol iba a salir por el oeste!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Llegas tarde: el divorcio ya está firmado