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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 612

—Hermano, la ciudad ya está aquí adelante. En cuanto entremos, creo que hay un área de descanso a un lado.

Aunque Nelson se había mantenido terco hace un momento, ahora tenía las palmas de las manos empapadas de sudor.

¡La tormenta era verdaderamente salvaje!

Pensó que sería mejor encontrar un lugar para estacionarse y esperar a que pasara el aguacero antes de continuar.

El camino obligado para entrar a la ciudad pasaba por un túnel subterráneo que atravesaba la montaña. El auto ingresó rápidamente.

La iluminación dentro del túnel era decente, pero debido al mal sistema de drenaje, el agua se había acumulado en el asfalto. No era muy profunda, apenas cubría la mitad de las llantas.

Justo en el instante en que el vehículo estaba a punto de salir por el otro extremo del túnel...

Un estruendo ensordecedor sacudió el aire, como si el cielo entero se estuviera desplomando, y el suelo tembló con una violencia aterradora.

Las luces del techo del túnel comenzaron a parpadear sin previo aviso.

Un segundo después, enormes bloques de concreto y tierra se desprendieron, cayendo en picada sobre ellos.

—¡Cuidado! —gritó Roque, aterrorizado.

Nelson dio un volantazo brusco para esquivar una roca inmensa y luego intentó poner el auto en reversa.

Pero el techo en la parte trasera también comenzó a colapsar, y una roca gigantesca se estrelló de lleno contra el cofre del auto.

El parabrisas se fracturó en una telaraña de grietas al instante. El vehículo dio una sacudida brutal y el motor se apagó por completo.

En medio de la oscuridad, la última luz tenue del tablero parpadeó un par de veces antes de morir.

Aunque las bolsas de aire se habían desplegado para protegerlo, Nelson sentía que el mundo le daba vueltas y un zumbido agudo le taladraba los oídos.

Abrió los ojos con dificultad, dándose cuenta de que las ventanas estaban destrozadas y el viento metía ráfagas de lluvia helada y lodo al interior del auto.

—¿Hermano? —llamó con voz débil, pero solo tragó polvo.

Nadie respondió.

Aprovechando el leve resplandor de la pantalla del celular, logró vislumbrar la escena.

El auto estaba deformado hasta quedar irreconocible. El techo y los asientos estaban aplastados en un caos de metal.

Y Roque, que iba en el asiento del copiloto, tenía el brazo atorado contra la puerta aplastada. Su rostro estaba de un color gris pálido aterrador, completamente inconsciente.

Nelson quiso sacudirlo para despertarlo, pero el dolor agudo en su propio cuerpo casi lo hizo desmayarse otra vez.

Sintió como si le hubieran desgarrado la oreja izquierda. Se llevó la mano allí y, efectivamente, estaba sangrando a borbotones.

Además, notó que había algo duro y frío clavado a su costado. ¡Era el trofeo del campeonato de carreras!

La base del trofeo estaba severamente abollada.

Justo entre el asiento del conductor y la ventana destrozada, un grueso tronco de madera astillada y afilada como una lanza se había quedado incrustado de lleno contra la base metálica del trofeo.

¡Si ese trofeo no hubiera estado ahí, aquella estaca de madera le habría perforado el cráneo sin piedad!

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