Después de que terminó la competencia, los dos hermanos emprendieron el viaje de regreso en auto.
Nelson manejaba con una mano en el volante mientras con la otra ponía una canción de rock a todo volumen, irradiando esa energía desbordante tan típica de la juventud.
Roque iba en el asiento del copiloto, contemplando con admiración el trofeo de campeón.
—Nelson, hablando en serio, la adrenalina de estas competencias no se compara con nada de lo que vivo en el laboratorio. ¡Hubo dos momentos en los que sentí que el auto iba a salir volando! Se me encogió el corazón de solo verte, ¡pero lograste estabilizarlo! ¡Fue demasiado emocionante!
Nelson levantó la barbilla, con una sonrisa orgullosa.
—Por supuesto, ¡estás hablando con el mejor!
Roque se echó a reír y le mostró el pulgar arriba.
—¡Eres increíble!
Luego, revisó la hora en su celular.
—Mamá acaba de mandar un mensaje. Pregunta a qué hora vamos a regresar.
Justo en ese momento, entró una llamada.
¡Era Petrona!
La sonrisa en el rostro de Nelson se congeló por una fracción de segundo, pero recuperó su expresión habitual de inmediato.
Roque contestó y lo puso en altavoz.
—¿Bueno, mamá?
—Roque, ¿ya terminaron? ¿A qué hora calculan estar de regreso?
La voz de Petrona sonaba a través de la bocina con ese tono inalterable de siempre, desprovisto de cualquier emoción.
Roque respondió con entusiasmo:
—¡Ya terminamos y Nelson ganó el campeonato! Pero el lugar de la carrera está un poco lejos, apenas vamos en camino al hotel, así que no es seguro que regresemos esta noche.
Al escuchar que Nelson había ganado, Petrona solo emitió un seco «ajá», sin la menor alteración en su voz.
—Entendido —respondió—. Si están tan lejos, no se apresuren. La carretera no es segura de noche. Quédense a dormir allá, descansen bien y regresen mañana. ¡No manejen de madrugada solo por llegar rápido!
Roque asintió por inercia.
Al ver la expresión terca de su hermano, suspiró con impotencia.
—¿Qué necesidad tienes de hacer esto? Mamá solo se preocupa por ti, no quiere que te canses. Además, el día ha estado muy nublado...
—Hermano, no trates de defenderla —respondió Nelson con voz fría—. ¡A ella no le importo en lo absoluto!
Roque se quedó sin palabras, sin saber cómo calmarlo.
Bajó la mirada hacia el trofeo que tenía en las manos, con los ojos llenos de preocupación.
El cielo se oscureció rápidamente.
Lo que al mediodía había sido un día despejado, ahora estaba cubierto de nubarrones y el viento soplaba con fuerza.
Gotas de lluvia comenzaron a golpear con violencia el parabrisas. A pesar de que los limpiaparabrisas se movían a toda velocidad, la visibilidad era cada vez peor.
Nelson encendió las luces altas, pero el potente rayo de luz parecía inútil contra la densa cortina de agua y niebla.
—Nelson, creo que es mejor que busquemos un lugar para detenernos, ¡está lloviendo demasiado fuerte!
Roque miraba por la ventana hacia la tormenta, sintiendo que el mundo entero se había sumido en la oscuridad.

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