Se acercó rápidamente y rozó con cautela la fría superficie del dron. Esa familiaridad al tocarlo le erizó la piel.
Solo en ese instante tuvo la certeza absoluta de que en verdad vivía allí.
Hacía mucho tiempo que había diseñado ese modelo en su cabeza, ¡y no podía creer que su yo del futuro realmente lo hubiera construido! Ahora solo faltaba saber si su desempeño en vuelo era tan bueno como había calculado.
Estuvo a un paso de salir a probarlo, pero logró contenerse a tiempo.
Después de todo, tenía un invitado en casa.
Nelson entró con la maleta y posó la mirada un segundo en la mesa de trabajo antes de apartarla, fingiendo desinterés.
—¡Dejaré esto por aquí!
Luego, como si acabara de recordar algo, añadió:
—Disculpa, ¿me prestas el baño?
Como Ivana todavía no se familiarizaba con el lugar, solo atinó a decirle:
—Doctor Zavala, tendrá que buscarlo por su cuenta.
Y es que ella, hipnotizada por el dron, sentía que no podía ni dar un paso más; enseguida se puso a examinarlo.
Nelson asintió y fingió buscar por la planta baja antes de subir las escaleras rápidamente.
Al entrar al baño, le puso el seguro a la puerta y abrió de inmediato el botiquín sobre el lavabo.
Agarró sus cosas: la rasuradora, su cepillo de dientes y el resto de los artículos de cuidado personal, y se los metió en los bolsillos.
Le dio una última revisada al lugar para asegurarse de no dejar cabos sueltos y soltó un suspiro de alivio.
Al bajar, su rostro reflejaba la misma calma imperturbable de siempre.
Viendo que Ivana seguía embelesada con el dron, tomó las llaves de su auto y caminó hacia la puerta, fingiendo que estaba a punto de irse.
—Bueno, ya que estás instalada, ¡me retiro!
Pero antes de que Ivana pudiera reaccionar, él se agarró el estómago, dejando escapar una mueca de sufrimiento.
—Doctor Zavala, ¿se siente bien?
Nelson bajó la mirada, aparentemente avergonzado, y después de unos segundos murmuró:
—He estado todo el día de un lado a otro por el trabajo, ni siquiera tuve tiempo de comer... ¡llevo horas sin probar bocado!
Ivana suspiró aliviada. Le ofreció asiento, sacó dos botellas de agua del refrigerador, destapó una y se la entregó.
—Por cierto, Doctor Zavala, ¿qué tipo de comida prefiere? ¿Mexicana, italiana, tal vez comida china?
Pensaba buscar un buen restaurante en alguna aplicación de entregas a domicilio.
Nelson tomó el agua, fingió pensarlo unos segundos y, de pronto, respondió con entusiasmo:
—Me encantaría algo casero.
Ivana dudó por un momento y bajó su celular.
—Yo sé cocinar, pero mis platillos son bastante sencillos, ¡y mi sazón no es la mejor!
Nelson se iluminó de inmediato.
—¿Sabes cocinar? ¡La comida casera siempre es más higiénica y sana, mil veces mejor que comer en la calle!
Ivana se acarició la barbilla asintiendo; los médicos, como siempre, obsesionados con la salud.
—¡De acuerdo, entonces le prepararé algo sencillo!

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