Entrar Via

Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 578

Llegaría el día en que, incluso sin una prueba de ADN, ¡la mentira saldría a la luz!

¿Qué iba a hacer?

Su relación con Nelson ya estaba bastante fría. ¡Si Doña Daniela descubría el engaño, tanto ella como su hijo estarían acabados!

¡No podía permitirlo!

Con los ojos llenos de terror y desesperación, Yadira empujó la puerta de golpe, entró corriendo y abrazó a Jaime con todas sus fuerzas.

—¿Mamá? —Jaime se sorprendió un poco y protestó—. ¡Me aprietas, no me dejas respirar!

Yadira lo soltó rápido, pero sus ojos se clavaron en el rostro inocente del niño. Su mirada se enfocó en esos ojitos.

Redondos, con las esquinas ligeramente caídas... Eran idénticos a los de...

Sacudió la cabeza con violencia, tratando de apartar ese pensamiento de su cabeza.

Acto seguido, una idea mucho más retorcida se cruzó por su mente.

¿Y si le hacían cirugía plástica?

Ella era del mundo del espectáculo, donde las cirugías estéticas eran el pan de cada día.

Si Jaime no se parecía, ¡solo tenían que operarlo para que sus facciones fueran iguales a las de Nelson!

Con lo avanzada que estaba la medicina, hacerle unos pequeños retoques estéticos a un niño no sería imposible.

¡Solo tenían que arreglarle los párpados para que se vieran como los de Nelson! Así, Jaime seguiría siendo el adorado bisnieto de los Zavala y estaría protegido para siempre por la familia.

Esa idea la llenaba de emoción y pánico a la vez.

Pero... ¡Jaime apenas tenía cuatro años!

¿Podría un niño tan pequeño soportar el dolor de una cirugía estética? ¡Y encima, estando enfermo!

Además, ¿y si la operación salía mal?

Yadira miró el rostro angelical e ingenuo de su hijo, y una lucha interna la desgarró.

¿Qué diablos debía hacer?

Al final, ¡no tuvo el valor para hacerlo!

Una cirugía plástica implicaba entrar a un quirófano. ¿Cómo iba a someter a un niñito de cuatro años a algo así?

Pero si no lo hacía, el destino que les esperaba a ambos era terminar en la calle.

Al escuchar la voz mecánica de la operadora, Yadira le dio una fuerte patada a una de las botellas vacías.

No quería contestarle ni una llamada. ¿Acaso estaba con Ivana otra vez?

Se dejó caer sobre la mesa y, escudándose en la atronadora música del bar, lloró desconsoladamente.

Algunos hombres se acercaron a intentar ligar con ella al verla sola y ebria.

El miedo se apoderó de ella, tomó su celular y rápidamente marcó otro número.

—¿Hola? ¿Yadira?

Del otro lado de la línea, la voz de Adán Duque sonó sorprendida.

—Hay mucho ruido en donde estás, ¿qué pasa? ¿Ocurrió algo malo?

—¡Nelson! ¡Por fin contestas!

Yadira ya estaba tan borracha que se le cerraban los ojos. Pegó el celular a su oreja y habló entre sollozos.

—Nelson... estoy en un bar... ¡Ven rápido! ¿Puedes venir por mí? Tengo mucho miedo...

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Llegas tarde: el divorcio ya está firmado