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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 558

...

Tres días después.

Yadira volvió a aparecer en la esquina del pasillo del hospital.

Esta vez no llevaba gafas de sol ni cubrebocas; llegó con toda la desfachatez del mundo, sosteniendo un regalo en las manos.

Los guardaespaldas en la puerta le impidieron el paso, como de costumbre. No se ofendió, sino que les entregó el regalo con su mejor sonrisa.

Aunque fingía amabilidad, sus ojos brillaban de malicia mientras espiaba el interior de la habitación.

Después de todo, ya habían pasado tres días. ¡El veneno debía haber hecho efecto!

Pero al ver lo que sucedía adentro, su sonrisa se borró de golpe.

Ivana estaba recostada contra la cabecera de la cama, leyendo una revista con una expresión de total paz y concentración.

No solo no se había vuelto una estúpida, ¡sino que se veía mucho más lúcida que antes!

¿Cómo era posible?

Yadira no podía creer lo que veían sus ojos. Se consoló pensando que, tal vez, el efecto tardaba un poco más en manifestarse.

Pero los días siguieron pasando.

Ivana no solo no perdió la cabeza, sino que su estado mejoraba a pasos agigantados y pasaba cada vez más tiempo despierta.

Finalmente, Yadira entendió que algo andaba muy mal.

¿En qué momento se había arruinado todo? ¡Estaba segurísima de que su mercancía no tenía fallas!

¡Solo había una explicación!

Salió del hospital como alma que lleva el diablo y condujo a toda velocidad hacia el hospital de traumatología donde trabajaba Adán Duque.

Al llegar, abrió la puerta de su consultorio de un golpe.

—¡Adán!

Adán estaba escribiendo un expediente en su escritorio, con un paciente sentado enfrente. Ambos voltearon a mirarla.

—Si no querías ayudarme, bastaba con que me dijeras que no. ¿Por qué tuviste que engañarme?

Si Adán se hubiera negado, ella habría buscado a otro.

Pero ahora, Ivana estaba completamente lúcida y volver a envenenarla sería casi imposible.

Adán, que la conocía a la perfección, le soltó la verdad en la cara:

—Monté todo ese teatro porque sabía que, si te decía que no, jamás te habrías dado por vencida. Fingí inyectarla delante de ti para que creyeras que tu plan había funcionado. Solo así podría proteger a Ivana de ti.

Yadira jamás imaginó que todo había sido una farsa. Apretó los dientes, al borde de la locura.

—¡Cómo te atreves a mentirme! ¿Tienes idea de que acabas de arruinarlo todo?

Temblando de pura rabia, levantó la mano para darle una bofetada.

Pensó que él no se movería, pero, en una fracción de segundo, Adán le interceptó la muñeca en el aire.

—¡Yadira, ya basta!

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