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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 555

En la habitación.

Cuando Ivana volvió a abrir los ojos, su mirada ya no estaba nublada; resplandecía con total claridad.

Nelson dejó todo lo que tenía entre manos y corrió hacia ella.

—Despertaste... ¿cómo te sientes? ¿Quieres agua?

Ivana movió los labios sin emitir sonido y luego intentó mover el brazo, pero un dolor agudo le atravesó la muñeca.

Nelson se apresuró a quitarle las correas de sujeción con suma delicadeza.

Las muñecas, antes inmaculadas, ahora estaban llenas de moretones y raspaduras espantosas.

Le había puesto gasas para que estuviera más cómoda, pero durante sus ataques de locura, Ivana se había resistido tanto que terminaron aflojándose.

Al ver las marcas, Nelson tomó un hisopo de algodón humedecido en antiséptico y comenzó a aplicarlo con cuidado sobre las heridas.

—Estarás bien pronto. ¡Sé que has sufrido muchísimo estos días!

Ivana se dejó atender sin oponer resistencia, pero sus ojos no se posaron en él; miraba al vacío, fijamente hacia el techo.

Ese silencio aterrorizaba a Nelson.

Tenía miedo de que su mente no volviera a la normalidad, pero ahora que estaba lúcida, le aterraba la frialdad que la acompañaba.

—Ivana, solo concéntrate en recuperarte. No te preocupes por lo que pasa afuera —dijo Nelson mientras le ponía vendajes nuevos. Él, que siempre había sido de pocas palabras, de repente empezó a parlotear sin parar—. Ya me encargué de borrar todo lo que publicaron esos medios amarillistas. Nadie volverá a decir una sola palabra sobre lo que pasó en la boda hace cuatro años.

»Si alguien se atreve a abrir la boca, yo mismo me encargaré de destruirlo, ¿te parece bien?

»El profe Gonzalo ya casi termina con el antídoto contra el veneno que usó SaludLab.

»Solo hay que esperar un poco más. Cuando la medicina esté lista, tu cuerpo quedará completamente limpio de toxinas y te vas a curar.

»Y además...

Nelson hablaba sin parar. Tenía la boca seca, pero parecía estar buscando cualquier excusa para evitar el silencio.

¿Acaso era una broma? Acababa de escapar de las garras de la muerte, había pasado por un infierno, y lo primero que le importaba al despertar... ¿era un maldito título?

—De acuerdo, yo pregunto.

Nelson desbloqueó el teléfono y le envió un mensaje por WhatsApp a su tutor.

En cuanto recibió la confirmación de la fecha, Ivana cerró los ojos, se dio la vuelta y le dio la espalda.

Nelson apretó el celular con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Una furia irracional se apoderó de él y tuvo que bajar la voz para no gritar:

—¿No vas a preguntar por nada más? Estás aquí, medio muerta en la cama de un hospital, ¿y lo único que te importa es un maldito pedazo de papel?

»¿No te importa tu propia enfermedad? ¿No te interesa saber si alguna vez podrás tener hijos? ¿O qué pasó con el desgraciado que te atropelló?

»... ¿O preguntar algo sobre mí?

Ivana ya había escuchado lo que le hizo a Cristián Jurado para defenderla, pero la verdad era que no sintió ni una pizca de alivio.

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