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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 554

Aunque bajó la voz, no pudo ocultar la emoción que brillaba en sus ojos.

Adán no respondió; solo asintió lentamente y se apoyó contra la pared, como si le hubieran drenado toda la energía.

Yadira se abalanzó a abrazarlo.

—¡Es maravilloso! ¡Sabía que no me fallarías!

Llevada por la euforia, le plantó un beso sonoro en la mejilla.

—Adán, ¡no tengo palabras para agradecerte!

Pero esta vez, Adán no le correspondió como de costumbre. No hubo ni rastro de timidez ni alegría en su rostro.

Se quedó tan rígido como una tabla e, instintivamente, dio un paso atrás para zafarse de su abrazo.

—Ya está hecho —dijo con la voz áspera, arrastrando un agotamiento y un fastidio inmensos—. Estoy cansado, me voy.

Yadira se quedó pasmada un segundo, sorprendida por su rechazo, pero enseguida sonrió sin darle mayor importancia.

Conocía a Adán mejor que nadie.

Ese hombre estaba loco por ella, pero pecaba de ser demasiado blando; seguramente se sentía culpable por haber traicionado a su amigo.

¡Con un par de días de mimos y palabras dulces, volvería a comer de la palma de su mano!

—Está bien, sé que ha sido duro. Vete a descansar —dijo Yadira, extendiendo la mano para arreglarle la camisa desordenada con una ternura inédita—. Cuando te sientas mejor, iremos a cenar juntos, ¿te parece?

Adán la miró fijamente; sus ojos reflejaban algo que ella fue incapaz de descifrar.

¿Tristeza? ¿Resignación? ¿Culpa?

Fuera lo que fuese, no añadió una sola palabra. Dio media vuelta y se alejó con pasos pesados.

Yadira lo vio marcharse y la sonrisa estalló en su rostro sin control. Dio pequeños saltos en su lugar, apretando los puños de pura emoción.

Reía de forma tan escandalosa que incluso una enfermera que pasaba la miró de reojo.

Pero a ella le daba igual; ¡esta vez la victoria era suya!

Sin Ivana de por medio, estaba segura de que él volvería a sus brazos.

No creía posible que, después de más de diez años de historia, Nelson hubiera olvidado todo lo bueno que compartieron.

Ella estaría allí para acompañarlo, para consolarlo. Lo perdonaría sin rencores, sin las quejas absurdas que siempre tenía Ivana.

Le demostraría que solo ella era la mujer perfecta para él.

Aunque en el pasado Petrona Montenegro se había opuesto a su matrimonio, ahora que se había ganado el favor de Doña Daniela, ya no tenía nada que temer.

Si Petrona volvía a interferir, la anciana, que de por sí no soportaba a su nuera, se pondría del lado de Yadira sin dudarlo.

En cuanto a Ivana... ¡que se pudriera el resto de su miserable vida!

¡Todo acabaría en tres días!

Yadira configuró rápidamente una cuenta regresiva de tres días en su teléfono.

Para entonces, ¡todo volvería a ser como antes!

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