Cristián tenía razón.
Lentamente, Nelson bajó el brazo, aturdido.
Sí, ¿con qué derecho venía a hacerse el ofendido ahora?
Durante todos estos años, ¿cuántas veces había escuchado esos mismos rumores?
«Oye Nelson, solo tú soportas a una mujer como ella...»
«Dicen que hizo cosas horribles para arruinar a tu exnovia...»
«Una cualquiera como ella no te merece...»
Lo había escuchado miles de veces.
Pero cada una de esas veces, se quedaba en silencio. Jamás abrió la boca para defender a Ivana.
Fue su propio silencio el que envalentonó a esa gente.
Fue él quien permitió que esos rumores se propagaran sin control.
¡Al final, el único culpable de haber arruinado a Ivana era él mismo!
Al mirar el rostro ensangrentado de Cristián, Nelson vio su propio reflejo.
Qué irónico.
¿Con qué moral lo estaba golpeando?
—Lárgate —susurró Nelson, con la voz rota.
Giró la cabeza, incapaz de seguir mirándolo.
Cristián se quedó petrificado un segundo, pero en cuanto vio que le abría paso, salió corriendo del consultorio a tropezones.
Nelson volvió a reproducir el video de seguridad en su celular. Observó cómo Ivana salía del hospital y se quedaba inmóvil en la entrada.
Se quedó ahí, bajo el cielo gris, mirando hacia arriba, como si el mundo entero le hubiera dado la espalda.
Aunque no se veían lágrimas, Nelson podía sentir cómo estaba llorando por dentro.
Recién ahora comprendía cómo habían sido los últimos cuatro años de su vida.
Acercó su dedo a la pantalla para acariciar la figura de la mujer. Se veía tan pequeña e indefensa que lo único que quería era atravesar la pantalla para abrazarla.
Pero, al final, su brazo cayó inerte a su costado.
Hay dolores que solo se ven cuando uno se atreve a mirar de cerca.
No solo no la protegía, sino que en el fondo, le parecía un castigo justo.
Que lo escuchara.
Que supiera lo que había hecho, que sintiera culpa.
Nelson no lo hacía por crueldad pura, sino porque realmente pensaba que ese dolor era insignificante.
Jamás se detuvo a pensar que las palabras matan.
¡Las palabras son cuchillos invisibles que, aunque no derraman sangre, te destrozan por dentro!
¡Mucho menos imaginó que su apatía terminaría destruyendo a la mujer que amaba!
Cristián tenía razón. Solo hacía falta que Nelson hubiera dado un paso al frente una sola vez.
Con una sola frase en su defensa, habría cerrado la boca de todos para siempre.
Si hubiera hecho eso, Cristián no se habría atrevido a humillar a Ivana en el hospital. Ella habría podido hacerse los análisis.
¡Habría descubierto que esos analgésicos eran veneno y nunca los habría tomado!
No estaría ahora postrada en una cama de hospital, siendo consumida por una droga misteriosa.

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