Federico, un abogado capaz de hablar con una elocuencia brillante en los tribunales, en este momento balbuceaba.
—Ya sabes que, como abogado, tengo todo tipo de contactos, así que de manera extraoficial contacté a un amigo que trabaja en el centro de análisis contiguo. Quería pedirle que realizara la prueba de paternidad de urgencia. En un principio le di tus muestras y las de Jaime.
—Pero... —Federico tragó saliva—. Ayer las cosas se descontrolaron un poco; de pronto, mi amigo enfermó del estómago, y con el nuevo practicante en el laboratorio que tal vez escuchó mal las instrucciones, eh... o tal vez etiquetó mal los recipientes... el punto es que no llevaron a analizar la muestra de Jaime.
Nelson, con las manos en la cintura, lo escuchó impaciente.
—¿Puedes darte prisa y decirme de quién es la muestra entonces?
Federico lo miró con unos ojos que reflejaban complejidad y algo de lástima.
—Ya sabes que el centro de pruebas está junto a su hospital, y que de hecho están conectados, así que... es el tejido fetal del aborto de Ivana...
—¿Qué dijiste? —El tono de voz de Nelson se elevó de repente, agarrando del cuello de la camisa a Federico de un jalón.
—¡No te alteres! ¡Nelson, déjame explicarte!
Por temor a recibir un golpe, Federico se apresuró a añadir:
—Tú también eres médico, así que debes saberlo. La tecnología médica actual es muy avanzada; ya se trate de un feto no nacido o de tejido fetal de un aborto espontáneo, siempre que se extraiga el ADN, puede realizarse una prueba de paternidad. Y ese practicante pensó que querías confirmar la paternidad biológica del bebé, así que...
De un empujón, Nelson lo soltó, para después agarrar el informe.
Sin embargo, al ver con claridad el contenido escrito, el pasillo se quedó de pronto en silencio.
Federico se sobó la muñeca donde tenía marcada la piel; incluso bajó el tono de voz considerablemente.
—Como puedes ver, el informe indica que el tejido fetal... y tu ADN... no concuerdan, excluyendo la relación de paternidad.
Los dedos rígidos de Nelson apretaban con fuerza aquel informe; las letras negras sobre el papel blanco lo decían claramente.
¡Imposible!
¡Su primera reacción no fue verificar la verdad, sino sentir miedo!
Si procedía a realizar la prueba de paternidad de manera oficial, eso significaba que tendría que seguir los procedimientos regulares para la extracción de las muestras. Significaría que, a la larga, Ivana se enteraría del asunto.
En el momento en que Ivana descubriera que, mientras se encontraba entre la vida y la muerte, él había dudado de su inocencia y hasta habría solicitado una prueba de paternidad del bebé...
¿Qué llegaría a pensar?
¿Pensaría que no confiaba en ella? ¿Y se sentiría humillada?
Pero, si no hacía la prueba de paternidad, jamás sabría la verdad.
Si no lo hacía, el asunto del padre del bebé ¡se convertiría en un enigma eterno!
¿Acaso Ivana lo había traicionado de verdad? ¿O, en serio, era solo una confusión?

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