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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 500

Nelson se quedó paralizado.

Agachó la mirada y, al ver la sangre que aún ensuciaba sus uñas, una terrible culpa y remordimiento inundaron su corazón.

—¡Yo no sabía nada! ¡De verdad, no tenía idea de que estaba embarazada!

Yadira y Adán se quedaron petrificados al mismo tiempo.

—Esta misma mañana estuve preguntándole al profe Gonzalo cuándo podríamos empezar a intentar tener hijos. ¿Cómo iba a saber que ya estaba encinta...? Pero si claramente...

¡Si claramente siempre habían sido cuidadosos!

El cuerpo de Ivana estaba en pésimas condiciones, ¿cómo habría podido él dejarla embarazarse?

Yadira bajó los ojos de inmediato para ocultar sus verdaderas emociones.

Al ver a Nelson tan lleno de arrepentimiento, un sabor amargo se instaló en su pecho, seguido de una oscura y retorcida oleada de placer.

Se acercó rápido y le dio unas palmaditas en el hombro, consolándolo con un tono maternal. —Tranquilo, Nelson. Ivana y tú todavía son muy jóvenes y el tiempo les dará la oportunidad de ser padres de nuevo. ¡Por ahora, lo que más importa es que ella recupere la consciencia!

Nelson apretó los puños, dirigiendo la mirada a la persona que se encontraba en la sala de cuidados intensivos, y musitó en voz baja: —Sí... ¡siempre y cuando despierte!

A través del cristal, Yadira observó a la mujer en la camilla; el sonido intermitente del monitor le resultaba especialmente llamativo.

En el fondo de su corazón, rezaba para que aquel pitido fuera el conteo final de la vida de Ivana.

Y aunque disfrutaba de la situación, tenía que seguir manteniendo su fachada de preocupación e inquietud.

—Nelson, no puedes quedarte así para siempre. —Yadira rompió el silencio de nuevo—. Ya es de noche y seguro que no has comido nada. ¿Cómo esperas que tu cuerpo aguante en estas circunstancias?

Nelson no reaccionó; se quedó inmóvil, estirando el cuello en un intento de ver hacia adentro.

Yadira lo llamó de nuevo.

Solo entonces, Nelson sacudió lentamente la cabeza. —No tengo hambre.

Yadira se mordió el labio inferior. Al mirar hacia la paciente en la habitación, sus ojos destellaron de celos. —Voy a comprarte algo de comida y agua. Al menos necesitas comer un bocado, ¿sí?

Yadira se detuvo en seco y volteó a verlo. —¿De qué hablas?

Giró sobre sí misma, esbozando una sonrisa forzada en el rostro.

Adán fue directo al grano: —Sabes perfectamente cómo la tratas, y yo también.

Había cosas que Nelson desconocía, pero eso no significaba que él también fuera un ingenuo.

Desde que Ivana se casó con Nelson, Yadira se había amargado.

Ahora que Ivana estaba al borde de la muerte, se mostraba sumamente preocupada; aquello le resultaba verdaderamente incomprensible a Adán.

A Yadira le dio un vuelco el corazón. Sin embargo, no tardó en serenarse y su mirada se llenó de una falsa impotencia.

—Es cierto que no soporto a Ivana. ¡Pero el bebé no tiene la culpa de nada!

Murmuró Yadira, fijando sus ojos en la lejanía. —Y en especial desde que me convertí en madre, entiendo ese sentimiento a la perfección. Así que sí, el sufrimiento de ese pequeño me parte el corazón. ¡Es algo que alguien sin hijos jamás lograría comprender!

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