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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 476

La gran fiesta en la planta baja seguía su curso, y la música, que antes era tranquila, ahora retumbaba a todo volumen.

Resultaba que Sharon, siempre con su estilo rebelde, se había colgado una guitarra eléctrica y estaba tocando una canción de rock pesado que hizo enloquecer a todos.

El ambiente estaba que ardía, pero en el segundo piso todo era tan pacífico que casi se podía escuchar el viento chocar contra las ventanas.

La mirada de Silverio se detuvo primero en el rostro ligeramente ruborizado de Ivana por el alcohol, pero pronto bajó hacia su muñeca, visible bajo la manga de la chaqueta.

¡Allí había una cicatriz bastante fea e impactante!

Probablemente había sido el resultado de un intento de cortarse las venas.

Se notaba que la herida había sanado hace mucho tiempo, pero seguía ahí, marcando la piel inmaculada de aquella mujer.

Era una visión lamentable que inspiraba una profunda compasión.

Silverio también había bebido bastante, y quizá el alcohol le estaba soltando la lengua y nublando el juicio.

—Ivana —murmuró su nombre en voz baja, con un tono cargado de emoción reprimida—... debió doler muchísimo, ¿verdad?

Extendió la mano, como si quisiera rozar esa cicatriz y tocar el doloroso pasado de la joven, pero se detuvo justo antes de tocar su piel.

Ivana se sintió sumamente incómoda bajo aquella mirada.

Era una mirada tan profunda e intensa, como una llama que la hacía sentir completamente vulnerable y desorientada.

Sumado a eso, el efecto de las copas que había tomado comenzó a afectarle más fuerte, debilitando su voluntad y haciéndole dar vueltas la cabeza.

—Silverio —Ivana tiró de la manga para ocultar la cicatriz, intentando escapar de esos ojos ardientes—, me siento un poco mal, me gustaría ir a descansar.

Su voz sonaba suave y lánguida, casi como un murmullo suplicante, aunque ella no se diera cuenta.

Silverio pareció despertar de su ensimismamiento, y la bruma de sus ojos dio paso a una clara preocupación.

—Claro, te acompaño a una de las habitaciones de abajo. De todas formas, la empresa alquiló todo el lugar.

Se dio la vuelta hacia las escaleras, y solo cuando Ivana llegó a su lado, comenzaron a bajar juntos.

Los escalones eran algo estrechos, e Ivana sentía que el suelo bajo sus pies era suave como el algodón.

Ivana iba con la cabeza agachada, viendo la mano firme que la sujetaba. Por una fracción de segundo, pensó en Nelson.

Pero rápidamente sacudió la cabeza, desterrando ese rostro de su mente.

Hacía tanto tiempo que nadie la trataba con ese nivel de cuidado, ¿no merecía disfrutarlo, aunque fuera un poco?

En la planta baja, cerca de la pista de baile, Lucía balanceaba una copa de vino a medio terminar.

Al dirigir la mirada casualmente hacia las escaleras, se le dilataron las pupilas y su aburrimiento se transformó en una mueca de pura malicia.

Ivana y Silverio bajaban juntos, con una cercanía que rayaba en lo inapropiado.

Ivana tenía la mirada baja, luciendo frágil y delicada.

Y él, por su parte, no le quitaba los ojos de encima; la dulzura y la preocupación en su mirada eran imposibles de ocultar.

—¡Ja!

Lucía soltó una carcajada seca. «¡Lo sabía!».

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