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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 450

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El viento primaveral aún tenía un toque gélido, pero los plátanos orientales que bordeaban la calle ya comenzaban a brotar. Los pasos de los transeúntes también parecían más ligeros.

Un hombre vestido con un traje negro estaba de pie frente a una cafetería, hablando por teléfono.

A pesar de que su interlocutor no podía verlo, se inclinaba en repetidas reverencias y no paraba de disculparse.

¡Era Draco, el representante de Farmacéutica Puldú, quien había insistido tanto a la familia Zavala!

Al otro lado de la línea, su jefe desde el extranjero le daba un ultimátum en un español sumamente tosco.

—Draco, esta es la fecha límite. ¡Confiaré en ti una última vez! Pero la paciencia de los altos mandos tiene un límite. Si no logras cerrar el contrato de suministro con el Grupo Zavala este mes, toda esa charla sobre expandir la participación en el mercado será pura basura. En ese caso, no me temblará la mano para poner a alguien más capacitado en tu puesto... Tu, tu, tu...

La llamada se cortó de golpe.

Draco finalmente enderezó la espalda, aunque su ceño se frunció aún más.

Se recargó en la pared, exhausto, y miró a los peatones con la mente en blanco.

Llevaba varios meses en el país y no había tenido un solo momento de respiro, ni siquiera pudo ir a casa para Año Nuevo.

Había hecho grandes promesas y se ofreció como voluntario para asegurar ese puesto como representante en el nuevo mercado.

¡Pero el Grupo Zavala resultó ser un hueso mucho más duro de roer de lo que imaginaba!

Los requisitos que exigían para la entrada de medicamentos importados rozaban la paranoia. Cada fármaco pasaba por rigurosas inspecciones y hasta los ensayos clínicos tenían que ser validados de nuevo.

Se había esforzado al máximo tratando de ganarse al hijo del presidente; lo invitó a cenar, le mandó regalos caros, e incluso insinuó que le daría sobornos.

Pero aquel tal Nelson Zavala era inquebrantable; siempre mantenía una actitud indiferente. Aunque parecía amable y accesible, en realidad era inflexible.

¡Y la esposa de este le había cerrado las puertas en la cara en varias ocasiones!

Draco se detuvo en seco y la miró sorprendido.

La persona caminaba directo hacia él.

—¿Abogada Jiménez?

La mujer acababa de colgar el teléfono y, fingiendo haberse topado con él por pura casualidad, lo saludó.

—¡Vaya! ¿No es este nuestro representante médico? ¡Qué coincidencia! No pensé que nos cruzaríamos tan pronto. ¡Espero que le esté yendo de maravilla! —dijo Mía, con un tono lleno de falsa cordialidad.

—¡Abogada Jiménez, qué sorpresa! Usted llevó el último caso de nuestra empresa. Hace apenas unos meses de eso, ¡qué casualidad verla! —Draco respondió con cortesía, siguiéndole la corriente.

Mía recorrió disimuladamente con la mirada el traje de Draco, que tenía manchas de suciedad sin lavar, y un destello calculador brilló en sus ojos.

—¿Qué le parece si vamos a tomar algo? ¡Tengo un negocio entre manos que no tiene pierde y me gustaría comentarlo con usted!

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