—Ay, Ivana... yo sé que este concurso significa mucho para ti, pero para empezar, ¡esto no es una decisión que tomo yo solo!
El Director Lázaro le dio un sorbo a su taza de té con una calma exasperante y clavó su mirada en ella.
—Nuestra empresa solo tiene tres pases directos. Evidentemente, no podemos desperdiciar los recursos, ¡tenemos que mandar a los más competentes!
—Tú, por ahora, eres solo una pasante. No te des tantos aires de grandeza, todavía te falta mucho por recorrer. Créeme, mi intención era apoyarte, pero ¿quién te manda a entregar el último documento media hora tarde?
—Mira a Lucía, por ejemplo, ella entregó todos sus requisitos en tiempo y forma. Para la próxima oportunidad, deberías aprender de ella.
Esa media hora de retraso de la que hablaba era del día en que Ivana se había quedado sin analgésicos y había tomado medicina para el estómago, lo que hizo que llegara tarde a la oficina.
Ivana, hirviendo de impotencia, trató de argumentar:
—Director, si usted dice que no se deben desperdiciar recursos, ¿por qué darle el lugar a Lucía? Ella no tiene experiencia en competencias y sus habilidades técnicas ni se acercan a las mías. ¿Darle la plaza a ella no cuenta como desperdiciar un recurso?
—Ivana, las cosas no son tan simples. Si nunca ha ganado un premio, es porque jamás había participado. Hay personas que prefieren mantener un perfil bajo y no llamar la atención.
—Además, tú siendo una simple pasante sin título, ¿con qué autoridad te atreves a juzgar su nivel profesional? ¡Ese comentario es muy atrevido de tu parte!
—Si de verdad quieres demostrar de qué estás hecha en el concurso, puedes esperar un poco y participar en la siguiente edición. Para entonces ya tendrás tu título universitario y tu participación será mucho más formal. ¡Te prometo que te reservaré un cupo de la empresa para entonces!
Lo cierto es que, cuando Ivana llegó a la empresa, su contratación había generado cierto revuelo.
Especialmente porque el día de su ingreso, el mismísimo Silverio Mayén fue quien la escoltó, lo que hizo pensar a todos que tenían una relación muy estrecha.
Por esa razón, al principio, aunque el Director Lázaro sabía que ella pertenecía a la facción del gerente Wilson, no se atrevió a hacerle la vida imposible.
—Tu gran problema es la falta de humildad. Eres joven y arrogante, solo quieres ser el centro de atención. Es solo un simple cupo para un concurso, ¿por qué haces tanto drama? De todos modos, todos somos parte de la misma empresa, ¡da lo mismo quién vaya!
Ivana no tardó ni un segundo en responder:
—Si da lo mismo quién vaya, ¿entonces por qué no voy yo?
El Director Lázaro se quedó mudo por la réplica.
Ivana prosiguió:
—Es cierto que Lucía tiene un buen nivel académico, pero ella estudió Administración de Empresas, ¡eso no tiene nada que ver con Ingeniería Mecatrónica! El año pasado arrastró a su equipo en los dos proyectos más importantes. Si no fuera porque usted intervino para encubrir sus desastres...
—¡Cállate la boca! —El Director Lázaro dio un fuerte golpe en el escritorio y se levantó, fulminándola con la mirada—. ¿Qué clase de actitud es esa? ¡Que te quede claro que yo soy tu jefe y aquí se hace lo que yo digo! El lugar es para Lucía y nadie me va a hacer cambiar de opinión. ¡Lárgate de mi oficina ahora mismo!

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