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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 389

Ivana guardó silencio. Intentó consolar a su madre con un par de frases más y luego, usando como excusa que ya era muy tarde, prácticamente huyó de la habitación.

Pero sabiendo que Horacio estaba ahí para cuidarla, se sentía mucho más tranquila.

Al subir al coche, el chófer le informó de inmediato:

—Señora, el señor Zavala me pidió que le recuerde que mañana por la tarde, para la fiesta de cumpleaños, ¡él pasará a recogerla!

Nelson no había podido comunicarse con Ivana en todo el día, así que no le quedó más remedio que usar a su chófer como paloma mensajera.

Ivana no respondió, solo asintió en silencio.

Al llegar a la mansión, probó con un analgésico diferente.

Pero esta vez, el alivio no duró ni media hora. Rendida, tuvo que tragarse la medicina para el estómago y acostarse temprano.

Al día siguiente, cuando llegó a AlfaDesarrollo, lo primero que hizo fue pedir medio día libre a sus superiores.

Al fin y al cabo, por la tarde tenía que asistir a la gala de cumpleaños de Petrona Montenegro.

Sin embargo, al regresar a su escritorio, notó un ambiente extraño en la oficina.

No era la primera vez que sentía esa clase de tensión, lo cual le daba dolor de cabeza. ¿Ahora qué había pasado?

Menos mal que se llevaba bien con su compañera de al lado, así que le preguntó en voz baja:

—Gisela, ¿qué pasó ahora? ¿Por qué todos me miran tan raro?

Como a Gisela le encantaban los chismes, por supuesto que no se perdía ninguna novedad.

Al ver que Ivana no tenía ni idea, le contestó con cautela:

—¿De verdad no sabes? ¿Te acuerdas de que te inscribiste en el 10º Concurso Nacional Juvenil de Drones? ¡Pues resulta que te quitaron tu lugar!

A Ivana casi se le cae el bolígrafo de la mano.

—¿Por qué?

Había estudiado el reglamento del concurso al pie de la letra. Ya tenía todos los requisitos y materiales listos; ¡hasta se había desvelado varias noches preparándolos!

Además, no era la primera vez que ganaba premios en competencias similares. En teoría, no debería haber habido ningún problema.

—Con tu experiencia y habilidades de los concursos anteriores, seguro que hubieras arrasado. Pero al final de cuentas, todavía eres una pasante, y quien toma las decisiones de esto es... ¡el Director Lázaro!

—Se rumorea que hace unos días tuvo otra fuerte discusión con el gerente Wilson en la sede principal. Tuviste mala suerte y pagaste los platos rotos. Al fin y al cabo, es solo un concurso, no te lo tomes tan a pecho. Déjale el lugar a Lucía para que engorde su currículum. ¿Qué le vamos a hacer si es la sobrina del Director Lázaro?

Pero Ivana negó con la cabeza rotundamente.

—No. Este concurso es de vital importancia para mí.

Había tenido que suspender sus estudios varios años por su enfermedad, y este año por fin se presentaba un evento del prestigio del concurso de drones. ¡Solo ganando un premio ahí podría aplicar como estudiante de mérito tecnológico y conseguir su diploma universitario!

¿Y Lucía se atrevía a restregarle en la cara su nivel de estudios?

Si no ganaba ese premio, es probable que ni siquiera pudiera graduarse. ¡Era evidente que le estaban poniendo trabas a propósito!

Poco después, Ivana se plantó en la puerta del despacho de los directivos.

—Director Lázaro, ¿por qué me quitaron el cupo para el concurso? Tengo un historial de premios en mi etapa universitaria y cumplo con todos los requisitos a la perfección.

El Director Lázaro, con total parsimonia, se estaba preparando una taza de té, listo para darle largas al asunto.

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