Entrar Via

Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 350

—No te saqué de ahí porque crea que eres inocente. Lo hice porque la madre de Yadira estaba empecinada en hundirte y no soltaba el caso de intento de homicidio.

—No voy a permitir que esto se convierta en un circo mediático. Si esto sale a la luz, todos dirán que la familia Zavala cayó en desgracia por meter a una víbora en su casa. ¡No seré el hazmerreír de nadie!

El rostro de Ivana perdió todo el color, como si le hubieran vaciado un balde de agua helada encima. Unas lágrimas gruesas cayeron de golpe sobre el dorso de sus manos.

Abrió la boca, desesperada por defenderse, pero al toparse con esos ojos carentes de cualquier rastro de calidez, las palabras se le atascaron en la garganta.

A partir de ese día, Nelson cambió para siempre.

Aunque Ivana había pasado un año en el hospital recuperándose, su salud seguía siendo muy frágil.

Nelson continuó llevándola a sus revisiones médicas cada semana. Seguía asegurándose de que tomara su medicina y comiera a sus horas. Pero en sus ojos ya no quedaba ni una pizca de ternura; lo hacía todo con la frialdad de quien cumple con un trámite burocrático.

—Nelson, por favor, no me trates así…

Ivana daba pequeños bocados a la dieta especial que él le había ordenado, pero la comida le sabía a cartón.

—Mastícalo bien y no comas tan rápido.

Nelson la interrumpió, con un tono monótono que destilaba una distancia abismal.

—No te engañes pensando que por haber salido de la cárcel escapaste de tu castigo. Esto es exactamente lo que te mereces.

—Te saqué de ahí, pero no porque me haya tragado tus mentiras, y mucho menos porque me doliera verte sufrir.

—Lo hice únicamente porque hace tiempo recibiste aquella puñalada por mí. Te lo debía. ¡A partir de ahora, te vas a quedar en esta casa y vas a mantener un perfil bajo!

Las lágrimas brotaron a mares, pero Ivana conocía a Nelson y sabía que estaba hablando desde el resentimiento.

—Por favor, dejemos de pelear —suplicó—. Me duele en el alma escucharte decir esas cosas.

Nelson soltó una carcajada seca, dejó los cubiertos sobre la mesa con evidente fastidio.

—Una vez me preguntaste si te usé como el reemplazo de Yadira. ¡Qué exceso de ego! ¡Ella jamás sería tan perversa como para intentar destruir a alguien como lo hiciste tú!

Cada palabra que salía de su boca estaba bañada en veneno.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Llegas tarde: el divorcio ya está firmado