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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 346

Ivana lo miró, completamente en shock. El hombre que tenía frente a ella, el mismo que momentos antes le había jurado amor y protección para toda la vida, ahora cubría con su cuerpo a otra mujer.

Las lágrimas se desbordaron de sus ojos, pero se aferró a su verdad.

—¡Nelson, tienes que creerme! —suplicó, con la voz quebrada—. ¡Te juro que ni siquiera la toqué! Fue ella misma quien…

Adán Duque, que naturalmente estaba entre los invitados a la boda, era traumatólogo. Tras examinar a la herida, su rostro palideció.

—¡La pierna de Yadira está destrozada! ¡Llamen a una ambulancia de inmediato, si nos demoramos será demasiado tarde!

Ivana se quedó paralizada. ¿Cómo podía ser cierto?

¡Yadira tendría que haber sido un monstruo para hacerse tanto daño a sí misma!

Observó cómo todos se arremolinaban alrededor de Yadira, que yacía en un charco de sangre, intentando ayudar a detener la hemorragia. En el fondo de su corazón, Ivana solo sentía un vacío aterrador y una profunda impotencia.

Vio a Nelson improvisando un torniquete con la tela de un perchero, mientras le secaba el sudor frío de la frente a Yadira.

Esa mirada de dolor y culpa en los ojos de su prometido fue como una puñalada directa al pecho de Ivana.

Hoy debía ser su día. El momento de felicidad con el que había soñado tantas veces. Pero ahora, se había convertido en una intrusa, apartada del caos por una barrera invisible.

¡Lo único que quedaba era un desastre sangriento y una injusticia que no podía gritar!

Bajó la mirada hacia sus propias manos; sus dedos no dejaban de temblar. Repasó mentalmente cada segundo de lo que acababa de ocurrir.

Desde que entró a ese vestidor, apenas había tocado nada y, desde luego, en ningún momento se había acercado a Yadira.

¿Y resulta que, en un abrir y cerrar de ojos, Yadira terminaba en ese estado tan lamentable?

¡Estaba segura de que ella misma se lo había hecho!

Recordó la mirada fugaz y decidida que había cruzado los ojos de Yadira instantes antes.

¡Sí! ¡Era una trampa, la clásica táctica de la ladrona gritando «al ladrón»!

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