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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 343

La aparición de Yadira frente a los ojos de Ivana fue como una cruel bofetada, un recordatorio brutal de que entre esos dos existía un pasado en el que ella jamás podría encajar.

El salón entero estaba decorado con miles de rosas blancas, pero Yadira llevaba puesto un llamativo abrigo rojo largo.

Estaba tan delgada y frágil que parecía que el viento se la llevaría en cualquier momento. Su rostro estaba pálido como el papel, lo que hacía que sus ojos se vieran inmensos y hundidos.

Se quedó ahí, clavando la mirada fijamente en Nelson, quien estaba junto a Ivana. En sus ojos se arremolinaba una tormenta de emociones indescifrables.

¡A nadie le haría gracia que interrumpieran su boda de esa manera!

El primer instinto de Ivana fue abrir la boca para exigir a los guardias de seguridad que la sacaran a la fuerza.

Pero, a su lado, Nelson se le adelantó. Levantó una mano, ordenando a los guardias de la entrada que no intervinieran, mientras su mirada se quedaba anclada en Yadira.

Ivana giró el rostro hacia Nelson y, al ver la expresión en sus ojos, sintió que el mundo se le venía abajo.

Esos mismos ojos que siempre la miraban con amor y devoción, ahora, al ver a Yadira, desbordaban una emoción que ella no podía describir.

¡Había pánico, sí, pero también una culpa y un remordimiento profundos y abismales!

¿Por qué la miraba así? ¿Qué estaba pasando?

¿Acaso se estaba arrepintiendo de casarse con ella?

Esa mirada fue como una bofetada invisible que golpeó el rostro de Ivana con violencia, haciéndola sentir el sabor amargo de la traición.

«¡Estos dos me están ocultando algo, estoy segura!»

—¿Tú le dijiste que viniera? —preguntó Ivana, bajando la voz. Tenía las uñas clavadas en las palmas de las manos, y su tono temblaba de ira y dolor.

Nelson pareció reaccionar y la miró.

—No, yo no fui. Ella vino por su cuenta, es solo que…

Las palabras se le atoraron en la garganta, incapaz de terminar la frase.

¡Y entonces, sucedió lo impensable! Frente a todos los invitados, Nelson dio un paso, y luego otro, caminando directamente hacia la intrusa.

El salón se sumió en un silencio sepulcral.

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