Solo dejó un completo desastre para las devastadas Mariana y su hija, Ivana.
Ivana odiaba tanto a esa mujer y a Yadira, al punto de que hasta en sus sueños las maldecía, deseando que murieran pronto.
Afortunadamente, aún tenía a Mariana, quien siempre le aconsejaba que no permitiera que el odio la destruyera y que viviera su propia vida.
Más tarde, Ivana volcó toda su energía en los estudios.
Porque solo al concentrarse en otra cosa, no le quedaba tiempo para pensar en todo ese caos.
Tiempo después, madre e hija se mudaron, creyendo que todo había quedado en el pasado.
¡Hasta que esa llamada telefónica trajo de vuelta todas sus pesadillas!
Ivana estaba sentada en su escritorio. Aunque la calefacción estaba al máximo, tenía las manos y los pies helados.
Quizás las pastillas para la fiebre comenzaban a hacer efecto, pues su mente estaba mucho más clara.
Al mediodía, el guardia de seguridad de la entrada le avisó que había llegado un paquete para ella.
Ivana se sorprendió un poco al recibirlo; el sobre estaba bastante abultado.
Le dijo a sus compañeros que fueran a comer y regresó sola a su oficina.
Al abrir el paquete, encontró exactamente lo que temía.
¡Un fajo de fotos íntimas!
Al ver aquello, Ivana apretó los dientes y, sacando fuerzas de flaqueza, las ojeó.
Para su horror, ese animal de Hugo no solo le había tomado fotos a ella, ¡sino también a su madre!
Ivana sintió como si le hubieran dado un fuerte golpe en el pecho. Todo su cuerpo comenzó a temblar, no por la fiebre, sino por la furia.
Esa ira reprimida durante años entró en erupción como un volcán.
Las hojas impresas estaban repletas de números de teléfono, todos de conocidos de Ivana y Mariana.
¡Incluso habían conseguido el número de Nelson!
¿Quién diablos se los había dado?
Además de eso, dentro del paquete había un teléfono antiguo que, de repente, comenzó a sonar.
Ivana contestó de inmediato.

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